Desde la época de la conquista, junto con el hierro y la pólvora, llegaron a tierras americanas el trigo y la vid. Sin embargo, este cultivo era primariamente rudimentario y destinado a producir vino destinado al culto. El pionero de la viticultura en Río Grande do Sul, fue el padre jesuita Roque González de Santa Cruz, quien introduce cepas españolas allá por 1620, cuando funda la misión Cristã de San Nicolao, en la margen izquierda del río Uruguay.
En el siglo XVIII, llegan inmigrantes procedentes de las islas Azores que traen nuevas variedades, ahora de origen portugués. Pero la moderna historia del vino brasileño se inicia en 1875, cuando inmigrantes italianos se asentaron en el estado de Río Grande do Sul, en el sur de Brasil. Herederos de una larga tradición de vitivinicultores, lograron establecer una industria que alcanzó una gran importancia económica, destinada principalmente al consumo interno. La industria vinícola experimentó un cambio significativo a mediados del siglo XX, con el establecimiento de empresas multinacionales y de su primitiva ubicación en el sur del país, amplía sus horizontes con la creación de viñedos en el semidesértico noreste del país y más específicamente, en el valle del río de São Francisco, entre los estados de Pernambuco y Bahía. Y terminando el siglo, Brasil ya producía vinos de calidad para el mercado extranjero, lo que fue facilitado con la creación en 1998 del Instituto Brasileño del Vino (IBRAVIN) que reúne a los principales actores en la cadena de la producción vitivinícola, y ser el foro para discusiones relacionadas con esta industria.
Actualmente, Brasil es considerado como una de las novísimas y mejores regiones del nuevo mundo y muy especialmente en la producción de vinos espumosos; y se ha colocado en el quinto lugar entre los más grandes productores de vinos en el hemisferio sur C, con una producción de 3,2 millones de hectolitros en un área cultivada de 88 mil hectáreas.
Aunque su producción está mayoritariamente destinada al mercado interior, las nuevas estrategias industriales tanto investigativas como tecnológicas, han llevado a una mejor calidad de sus caldos y esto, acompañado de una vigorosa y masiva campaña de mercadeo y publicidad, han logrado un impresionante reconocimiento internacional, obteniendo Brasil importantes distinciones en las competencias internacionales en las que se ha presentado.
En Brasil se elaboran vinos con una amplia gama de variedades. Entre las variedades blancas cultivadas son Chardonnay, Sauvignon Blanc, Pinot Grigio, Chenin Blanc, Gewurztraminer, Malvasías, Riesling Itálico, Proseco, y Moscato Giallo; y las tintas, Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc, Pinot Noir, Petit Verdot, Tempranillo, Montepulciano, Sangiovese, Syrah, Tannat, Ancellota, Tinta Roriz, Trincadeira, Alfrocheiro, Arinarnoua, Touriga Nacional, y Malbec.
Esta amplia gama de variedades se distribuyen en las diferentes regiones, de acuerdo con su latitud, su altura sobre el nivel del mar y demás características geoclimáticas. Como antes les había adelantado, la mayoría de la vitivinicultura se desarrolla en el sur de Brasil, en el estado de Santa Catarina y sus viñedos se localizan en la región del Planalto catarinense; y en el de Río Grande do Sul, donde se localiza la mayoría de los viñedos, repartidos en las regiones de Campo de Cima da Serra y Serra Gaúcha, que incluye la subregión "Vale Dos Vinhedos" (primera "Indicación Geográfica brasileña") y las regiones Serra do Sudeste y Campanha, fronteriza ésta última, con Uruguay. Recordar que también existe Vale do São Francisco, región vitivinícola importante en la zona desértica de la cuenca del valle del río de São Francisco localizada entre los estados de Pernambuco y Bahía.
Todavía no he tenido el placer de disfrutar de un vino brasileño, pero espero hacerlo pronto.