México cumplió ayer tres años sin diálogo entre el Gobierno y la guerilla zapatista, sumido en una nueva ola de tensión y en medio de advertencias acerca de una posible agudización del conflicto.
"Los pueblos zapatistas se han manifestado en favor de la paz, pero no a cualquier precio (...) En consecuencia han suspendido sus participación en los Diálogos de San Andrés", explicó en el comunicado enviado el 29 de marzo de 1996 por el subcomandante Marcos, jefe del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
En esos pueblos vuelven ahora a prenderse los focos rojos: hay graves problemas en Amador Hernández y San José de la Esperanza, fricciones en San José del Río y Morelia, ubicados en los municipios de Ocosingo, Las Margaritas y Altamirano, la "zona de conflicto" zapatista en el estado de Chiapas.
El diputado Gilberto López y Rivas, miembro de la legislativa Comisión de Concordia y Pacificción (Cocopa), cree que "en este momento es imposible pensar en que haya una salida hacia el diálogo, es como si hubiera la intención de romper todas las posibilidades de que el diálogo pudiera darse, se está pavimentando el camino a la guerra, no el camino al diálogo (...).