El panameño Víctor Víquez ganador de tres medallas en el torneo de levantamiento de pesas, es uno de los atletas de más agallas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe porque combinó los entrenamientos con un empleo como obrero de la construcción en Chiriquí.
Quizás por la costumbre de resistir dolores musculares en su trabajo, Viquez no dio importancia a sus triunfos en Cartagena y humilde, sólo atinó a calificarlos como una cosa de Dios.
La verdad es que le ayudó muchoDios porque se necesita entrega para salir adelante con una beca como la suya, de unos 200 dólares mensuales.
"Ojalá estás medallas sirvan para tener una mejoría y dedicarme a esto a tiempo completo; con eso puedo ser protagonista el año próximo en los Panamericanos de Río de Janeiro", asegura.
Viquez compitió en condiciones adversas, porque a diferencia de sus rivales, no se dedica al levantar pesas las 24 horas del día.
Quizás como consecuencia de lo mismo, hace una semana estaba apenas un kilo encima de los 69 kilos, límite de su división, pero al llegar a Cartagena tenía tres y debió bajarlos en dos días con una dieta estricta que incluyó trigo y proteínas.
"También fui a la sauna, pero esto me relajó demasiado los hombros", comentó Viquez, de 23 años de edad, quien conquistó segundos lugares en el ejercicio de arranque, con 127 kilos, y total, con 287, y bronce en envión, con 160.
Por difícil que parezca, la adversidad de Víctor no fue lo más lamentable de Panamá en la división de los 69 kilos. Peor fue las condiciones en que compitió su hermano Máximo, quien tuvo que firmar un papel de renuncia de sueldo en su empresa de manipulación de alimentos, a la que debe reincorporarse el 1 de agosto.
"No tengo horario fijo para entrenar, lo hago cuando puedo y eso me pone en desventaja", aseguró el mayor de los Viquez, de 24 años de edad.
Los Viquez ya son de lo mejor de Panamá en los Juegos, no sólo por las medallas, sino por las agallas mostradas.