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Vocablos sexistas

Me provocan un grito de lo más profundo del fondo del alma, porque da terror como eliminan a las mujeres de un solo “vocalazo”.


Yolanda Hackshaw (Docente y escritora) / Docente y escritora

Hay profesiones y cargos que aún en el siglo XXI siguen marcados por el sexismo y la discriminación contra la mujer. Hoy que se habla del médico o de la médica; del ministro o de la ministra, etc. sin embargo, no se puede uno referir a una catadora, porque el diccionario de la Real Academia de la Lengua sólo recoge la entrada de la siguiente manera:

catador. (Del lat. captator, -oris).

1. m. Hombre que cata.

2. m. Encargado de catar colmenas.

3. m. catavinos (II hombre que tiene por oficio catar vinos)

La palabra catadora es inválida, por lo tanto incorrecta. Ante esta noticia me sentí incómoda, porque mi hija acaba de terminar una especialización en España. Ella estudió un curso de sumillier(es el experto o experta en vinos que se dedica a sugerir a la clientela de los restaurantes lujosos el vino apropiado para la ocasión). Es decir, que este profesional debe catar los vinos antes de dar su opinión, entonces ante esta postura lingüística ella sería catador, expresión que me suena impropia; pero que la autoridad lingüística reconoce como el giro correcto.

Las feministas que abogan por el uso de la mención de los dos géneros, como una forma de que el idioma no tenga marca sexista, debieran pronunciarse al respecto.

Investigaré más sobre otros términos con estas mismas características que en lo particular me provocan un grito de lo más profundo del fondo del alma, porque da terror como eliminan a las mujeres de un solo “vocalazo” (de seguro que muchos académicos responderán con otro grito parecido al mío al leer este neologismo). Por ejemplo, se habla también del miembro de un partido, una comisión, etc. para referirse tanto a hombres como mujeres, porque “miembra” no ha sido aceptada; pero debiera serlo, porque ¿cuál es la razón para no agregarla? Me parece que la incorporación o no de un término, obedece más a posturas intransigentes o económicas que a razones lingüísticas de peso. Por ejemplo, hace unos años atrás ingresaron al diccionario de la RAE un grupo enorme de palabras relacionadas con tecnología, casi todas términos ingleses. Estas nuevas adquisiciones, según mi modo de pensar, obedecían a razones económicas.

Si entendieran verdaderamente que la única razón genuina de ser del idioma es la comunicación, serían más flexibles en este sentido.

Espero que nuestra Academia de la Lengua se pronuncie y reconozca con su intervención el valor de las mujeres que es ignorado en vocablos sexistas como estos.


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901480
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América