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Volver a los clásicos


La literatura española, por lo menos la que prefiero, tiene entre sus cumbres el siglo XIV, esa maravillosa manera que tenían los autores de mirar el mundo con humor mientras se pretendía enseñar virtudes, aleccionar o criticar. Tal el caso de El Conde Lucanor (libro de los ejemplos). Medio centenar de cuentos provocados por la conversación del Conde con el humilde Patronio. Memorable es el apartado XXXV, Lo que le sucedió a un mancebo que casó con una mujer muy brava. Sí, es machista el texto, pero también un ejercicio de manejo de la conducta.

Si cruzo la calle, sorteando el tráfico de las novedades de feria tengo para mí el Libro del buen amor. Mientras escucho en la radio a Amílcar Boscán cantar: Deja la apariencia afuera/ Sé tú mismo, vente pa acá/ Te lo reclama la humanidad/ Y te lo exige la realidad. Feliz coincidencia y convergencia de sentidos en cuanto al trabajo de El Arcipreste de Hita. La rareza consiste en que los temas del LIBRO, y el coro de Apariencias, guarda similitud pero con 600 años de diferencia. Como diría Luzmil: “Cójame ese trompo en la uña”.

Esas son las cosas de la lectura que me conmueven. Con ojos gastados de postmodernidad hago una mirada transparente al pasado de las letras universales y, sin ser taxidermista ni arqueólogo, encuentro con mi LETROSCOPIO, estas perlas del ingenio humano. No se puede hablar de edad cuando se trata de libros, letras.

 

Tan modernos son los proverbios bíblicos como antiguo, pero aleccionador es Maestra Vida. Me atengo a lo evidente cuando el Hermano Arcipreste expresa:

HACERLE EL BIEN AL MALO NO ES COSA DE PROVECHO,

Que el desagradecido nunca paga lo hecho.

 

El reconocimiento no se anida en su pecho,

Porque el bien que recibe lo estima de derecho.

Me remite de manera expedita al Rubén Blades cuando canta:

 

De Dios me acuerdo primero/ Solo en trance de morirme/ O a veces cuando estoy triste/ Mas nunca si estoy contento. /No dura agradecimiento/ Pa´ aquel que nos da la mano/ Tan pronto nos sale el clavo/ Se olvida toó el sufrimiento.

La literatura sirve para no perdernos de vista. Volver a los clásicos es un deber, sacarnos el polvo del corazón, cepillarse el cerebro, espantar la abulia para hojear esa mirada antigua del Arcipreste o esclarecer alguna duda del Conde con la sencillez de Patronio.


fecha edicion
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602020
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América