Europa le debe una a Arsene Wenger. El técnico francés del Arsenal vive una decepción, nuevamente le apartan de su gran obsesión. Un juego de palabra que nos lleva a un título de la Liga de Campeones.
Su primer piedra fue el Barcelona en aquella final de París, y el martes fueron Rafael Benítez, Liverpool y Anfield quienes lo alejaron más de ese gran sueño.
Wenger se dio de frente con esa hinchada, con ese magnetismo de un equipo que adopta nuevos fanáticos, con ese rugir de la tribuna.