El Werder Bremen goleó ayer al Bayern, en un partido que saldó con una victoria por 5-2 a domicilio, logrando sacar a relucir la capacidad goleadora que ha caracterizado al equipo de Thomas Schaff en los últimos años.
Si para el Bremen el triunfo en Múnich puede ser el fin de un conato de crisis que amenazaba al equipo, para el Bayern, y para su entrenador Jürgen Klinsmann, vendrá sin duda una semana difícil después de que el campeón alemán diese una presentación lamentable de principio a fin.
La derrota acaba con el mito de que el Bayern nunca pierde en Múnich durante la fiesta de la cerveza, que se celebra siempre en septiembre.