El Barcelona volvió a evidenciar su falta de puntería, su ausencia de instinto asesino y dejó escapar otros dos puntos del Camp Nou (1-1), esta vez ante un Mallorca que pudo acabar goleado, pero que finalmente logró un empate de oro, más que por mérito suyo por demérito del rival, cuya falta de efectividad empieza a ser ya preocupante.
Nada hacía pensar que la tarde acabaría con otro gatillazo azulgrana, pese a las ausencias de Xavi, lesionado, Villa, sancionado, y Puyol y Busquets, a quienes Guardiola dio ayer descanso. Porque los locales tuvieron otro de esos inicios fulgurantes.
Sin Xavi como director de orquesta -se ha tomado un descanso para recuperarse de sus maltrechos tendones de Aquiles- Messi retrasó sus posición quince metros para ponerse al mando de las operaciones.
El astro argentino tomó la batuta y empezó a afinar la orquesta, asociándose con Bojan, con Pedro, con Abidal, con Alves, con Keita, con todos.
A los veinte minutos, la Pulga ya había encarrilado el partido con un golazo made in Barca, al culminar una combinación al primer toque entre Alves y Pedro, quien le cedió a Messi un pase para que rematará.