Panamá es el país del nunca jamás. Sí, porque nunca jamás las cosas tienen lógica. La llegada de un panameño al máximo circuito mundial del automovilismo hace más fuerte mi hipótesis de que aquí las cosas pasan gracias al Espíritu Santo.
Lo digo porque en Panamá no hay pista donde practicar este deporte. Y es porque los directivos no se han puesto de acuerdo para llevar adelante un proyecto que regrese a la palestra deportiva nacional esta atractiva disciplina.
De seguro estos señores no se han movido para ver que se puede hacer para rescatar esas grandes competencias que atraían a muchas personas a la pista de Río Hato.
¿Qué ha pasado con el circuito que se construía en Sajalices? Nadie da respuesta de esa infraestructura que se veía avanzar de a poco, aunque ahora la maleza es lo que campea sobre lo poco que se logró.
Es triste que Panamá tenga buenos exponentes del automovilismo en el mundo, como Steven Goldstein, que miran desde otro ángulo este exigido deporte, y que en nuestro país no exista ni el menor movimiento para conseguir un terrero y hacer un pista de carreras, con todas las medidas de seguridad para los pilotos y los amantes de la velocidad nacional.
La dejadez de los dirigentes del automovilismo nacional llevará al olvido este deporte, que era forma de subsistencia para muchos panameños que trabajan con los pilotos (mecánicos, chapisteros, entre otros), para poner esas máquinas a punto para que la gente se deleite con ese “show”.
Espero que en algún momento, en los próximos meses, llegue a mis oídos que los directivos del automovilismo, por lo menos, tienen el terreno donde construir un autódromo con toda las de la ley.