Colón, una pequeña ciudad ha hecho historia, con el triunfo de Irving Saladino, quien ayer se convirtió en el mejor ejemplo de la juventud.
Sus zapatillas doradas le sirvieron como amuleto. Su madre Cristina gritaba de felicidad cuando su hijo logró dar el salto que le dio la victoria en Beijing.
"Mi hijo primero se puso un par de zapatillas de dos colores, rojo y azul, que son los colores de nuestra bandera, pero después se las cambió por unas doradas, porque sabía que iba a traer la medalla de oro", señaló.
La madre de Irving también colocó una vela al Cristo Negro de Portobelo, y dijo que cada vez que va a saltar le pide que le dé fuerzas y pueda ganar.
Pidió al presidente Martín Torrijos que la ayude con la permanencia como educadora, porque lleva cinco años en la profesión y solo ha salido como interina. "Señor Presidente, quiero que me ayude", dijo al Panamá América.
A diferencia de otras veces que su madre prefiere estar sola para no ver los saltos y preguntar qué ocurrió, esta vez lo vio con su esposo David y la gran cantidad de personas que los acompañaban.
El padre de Irving, David Saladino, explicó que su hijo tuvo una pequeña lesión en la pierna, "pero sabemos que con la atención médica estará bien".
Este hombre, orgulloso de su hijo, dijo que Irving vendrá antes de lo previsto, "hará un viaje relámpago", porque cuando se dispone algo, lo cumple, y quiere estar con sus amigos y familia para celebrar el triunfo.
Colón y todo Panamá estará esperando que llegue ese momento.