El presidente de Rusia, Borís Yeltsin, acusado por la oposición de ser incapaz de gobernar por el mal estado de su salud, canceló ayer, jueves, la primera jornada laboral que se proponía celebrar en el Kremlin en las últimas dos semanas.
Saliendo al paso a posibles conjeturas, Dmitri Yakushkin, el avoz de Yeltsin, desmintió que el estado de salud del jefe de Estado haya empeorado, pero confirmó que éste ha cancelado varias reuniones de trabajo que tenía previsto celebrar en el Kremlin.
El portavoz insistió en que el presidente, que permanece en su residencia campestre Gorki-9, a las afueras de Moscú, controla la situación en el país, está al tanto de los principales problemas internacionales y se prepara para viajar a Francia a fines de mes.
Yeltsin, quien el próximo 1 de febrero cumple 68 años, acudió la última vez a su despacho del Kremlin el pasado 30 de diciembre, lo que fue su última aparición pública antes de dos largos puentes festivos por fiestas de fin de año y la Navidad ortodoxa.
Yakushkin reconoció que el líder ruso también canceló una reunión que tenía previsto celebrar mañana, viernes, con la plana mayor del Ministerio de Interior y, en cambio, citó en Gorki-9 para el sábado al titular de la cartera, Serguéi Stepashin.
Pero aseguró que "el estado de salud del presidente es normal, no pasa nada extraordinario, él está animado y activo" y, aunque "permanece bajo control médico", es "algo natural en cualquier país".
Según el portavoz, el equipo médico del Kremlin ha levantado la prohibición al jefe de Estado para viajar al extranjero, que había impuesto con anterioridad debido a su estado físico, y éste prepara activamente su visita a París los próximos días 28 y 29.
Este será el primer viaje de Yeltsin al exterior desde su gira por Uzbekistán y Kazajistán de octubre pasado, cuando casi cayó desvanecido en una ceremonia oficial.
Yeltsin tiene un nutrido historial médico, que incluye una operación a corazón abierto en 1996, cuando le implantaron cinco puentes ("bypass") coronarios para subsanar una deficiencia cardiaca que le tuvo al borde de la muerte.
Desde entonces, ha sufrido oficialmente dos neumonías y varios resfriados, que han obligado a modificar en varias ocasiones su agenda internacional y a reducir considerablemente sus jornadas de trabajo en el Kremlin.
Apartado de la vida política activa, Yeltsin delegó en su primer ministro, Yevgueni Primakov, la obligación de relevarlo en visitas oficiales al exterior y de afrontar la gravísima crisis económica, financiera y social desatada en agosto pasado.
"Nadie sabe en qué medida está informado el presidente sobre los peligros económicos que afronta el país", comentó hoy el diario liberal "Nezavisimaya Gazeta".
En un intento de tranquilizar a la opinión pública, Yakushkin aseveró que Yeltsin conversó hoy por teléfono con Primakov para repasar algunos problemas de actualidad, y no descartó que también se comunique "próximamente" con su colega francés, Jacques hirac.
Mientras, la clase política comenzó la cuenta atrás en espera de la anunciada visita de Yeltsin a París, pues una cancelación o aplazamiento de este viaje confirmaría que su estado de salud ya no le permite ausentarse de Moscú, como afirman sus detractores.
La oposición comunista ha intentado conseguir, hasta ahora sin éxito, la aprobación de una ley para someter a Yeltsin a un reconocimiento médico independiente con el fin de apartarlo del poder por la vía constitucional.
Pero la Duma, la cámara baja dominada por la oposición, ha logrado que el Tribunal Constitucional se comprometa a aclarar, el próximo día 19, el procedimiento de la posible destitución del presidente en caso de que su salud no le permita ejercer el cargo.
La Ley Fundamental de Rusia establece que el jefe del Estado debe cesar en sus funciones en caso de "incapacidad persistente", pero no precisa los mecanismos para determinar este estado físico y destituir al número uno del Kremlin.