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Yo no odio a nadie

Panamá país padece o goza —depende de la perspectiva que se vea— de un perfil multiétnico del cual nos sentimos orgullosos. Y no es para menos,


Panamá padece o goza —depende de la perspectiva que se vea— de un perfil multiétnico del cual nos sentimos orgullosos. Y no es para menos, porque si hay un conglomerado en el que nadie es químicamente puro, ese es el de los panameños.

Con mucha razón nos hemos autodefinido como un crisol de razas, y hasta quienes tienen un mínimo de instrucción advierten en la diversidad cultural nuestro principal activo.

Tanto los visitantes temporales como aquellos que deciden quedarse reconocen que el panameño es buena gente con todo y sus mañas. También hay quienes critican nuestra pasividad y nuestra capacidad de aguantar abusos y atropellos de propios y extraños.

 

Pero esos mismos que juzgan nos por no decir ni hacer nada, por ser un pueblo tonto que aparenta no tener sangre en las venas son los que ponen etiquetas descalificadoras cuando, esporádicamente, la gente decide pronunciarse sobre un asunto que le molesta.

Así, las últimas semanas quienes se creen dueños de la verdad y del país han hacho ver que un sector de los panameños xenofóbico por el hecho de sostener que deben aplicarse a los extranjeros las mismas reglas a las que son sometidos los nuestros cuando intentan ingresar a otro país.

Panamá es de los pocos lugares en donde se permite que la gente llegue dizque a turistear y que al día siguiente se les ve montando puestos de fritangas en una esquina, manejando taxi sin saber cómo llevarlo a uno al destino que solicita o subarrendando apartamentos, donde el hacinamiento y la explotación entre paisanos, entre otros males, son la tónica.

 

Nadie odia a nadie. No volteen la tortilla. No miren solo el lado que les conviene. Quien desee venir aquí que lo haga por lo derecho. No al revés, que no lo haga por la puerta de atrás y después pedir las llaves para abrir la de adelante y simular que siempre se estuvo adentro.

Quien suscribe no odia a nadie, por lo tanto, no soy xenofóbico, como tampoco lo es la mayoría de los panameños. Y no lo soy porque desde hace más de 20 años tengo como mejor amigo a un argentino, mi comadre es dominicana, uno de los compañeros de trabajo que más estimo es colombiano y decenas de mis familiares viven y han hecho su vida en el extranjero, así que ser xenofóbico sería negarme a mí mismo.


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948440
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América