El viaje de la selección mayor de béisbol a El Salvador no tiene razón de ser. No es un torneo Centroamericano de selecciones, se trata de un evento para equipos campeones.
Panamá ha sido invitada con su novena nacional con la finalidad de darle más calidad al evento. Sería un acto de buena fe hacia nuestros hermanos centroamericanos, pero no es el momento.
En medio de la incertidumbre de cuándo arrancan las prácticas, que hay o no plata, es mejor decir no a El Salvador, señores de la federación y abandonar ese barco.
Si la invitación llegó con anticipación debió dársela a la Liga de Chiriquí que es el actual campeón nacional. Si estos no querían, no se iba y punto.
No hay duda de la capacidad que tiene la dirigencia chiricana para asumir retos de esta clase. Ahora mismo es la liga que mejor desarrolla su torneo provincial. Están en semifinales y un combinado de esta provincia tiene el nivel para jugar con sus similares centroamericanos y quedarse con el primer lugar.
La idea de realizar los torneos centroamericanos de béisbol, ya sea de equipos campeones o de selecciones, es buena, pero a la carrera no.
A Panamá, ese nivel regional le sirve mucho y le puede sacar provecho. Se elabora un listado de peloteros por debajo de los 23 años y que hayan participado en el torneo nacional. Si algún país se responsabiliza de organizar el certamen de selecciones, se puede asistir con esta clase de jugadores. Son el futuro de la selección, ganan experiencia y descubrimos las unidades que ya están listas para dar el salto a la selección grande o las que les falta más desarrollo. Además, sería un verdadero incentivo para los jóvenes atletas.