En una Copa África de grandes ausencias, el equipo nacional de Zambia llegó como cenicienta y terminó como conquistador.
Y lo hizo ante el único y gran favorito para ganar el torneo: la Costa de Marfil de las grandes estrellas del fútbol europeo; pero ni Didier Drogba del Chelsea, ni los hermanos Touré del City y ni Gervinho del Arsenal pudieron con un equipo que, a pesar de tan solo tener a un solo jugador en el fútbol del viejo continente, jugó con la ambición necesaria para imponerse en el partido definitivo.
Ambición y suerte, porque todo pudo cambiar si Drogba, el goleador del certamen, con tres tantos, no hubiera mandado a la estratósfera un penal en el segundo tiempo que hubiera significado el quiebre del empate y, probablemente, la victoria de los “elefantes blancos”.
En vez de eso el partido se fue a tiempo extra y luego a una interminable ronda de penales en la que los dos equipos estaban empeñados en no perder, hasta el límite de llegar a realizar 18 tiros desde el punto blanco. Y no fue hasta que Stoppila Sunzu dijo “aquí se acaba todo” y disparó un “zambombazo” que llenó de orgullo a una nación que se hacía desconocida para muchos y ahora es el rey del nuevo continente hasta el próximo año.