Bastaron 48 horas para que el saliente presidente de México, Ernesto Zedillo, cayera del cielo, que le pintaron líderes iberoamericanos con elogios democráticos, al infierno del insulto proferido por enfurecidos militantes de su propio partido.
"!Muera Zedillo!", "!Vendido!" y "!Traidor!", fueron algunos de los gritos que la sola mención de su apellido levantó el lunes durante una ceremonia en que el derrotado Partido del PRI conmemoró el 90 aniversario del estallido de la Revolución Mexicana (1910-1917).
Zedillo, un economista de 48 años que el fatalismo convirtió en presidente en 1994, cuando con una pálida trayectoria política fue designado sustituto del asesinado candidato del PRI Luis Colosio, no estuvo presente durante la histórica rechifla en su contra.
Pero el episodio -ocurrido en presencia de dirigentes partidistas, legisladores y ministros de Estado- quedó registrado como único en los anales de 13 consecutivos gobiernos que el PRI llevó al poder desde 1929, cuando emergió como fuerza política enarbolando banderas de la triunfante Revolución.
Como primer presidente del PRI que tendrá que entregar el poder a un opositor, Zedillo pagó el lunes ante sus correligionarios la factura de la derrota que millones de mexicanos infligieron el 2 de julio a su otrora omnipotente partido.
Ese día eligieron en las urnas a Fox, un fogoso candidato del derechista Partido Acción Nacional (PAN), como el presidente que el 1 de diciembre "expulsará al PRI de Los Pinos", como él mismo lo pregonó a lo largo de su triunfal campaña, refiriéndose a la residencia oficial de los presidentes mexicanos.