El enviado especial de la Casa Blanca para Oriente Medio, Dennis Ross, el hombre clave de Estados Unidos en la región, presentó su dimisión al cargo, informó hoy la residencia presidencial.
El anuncio representa un revés para la Casa Blanca, donde Ross, un veterano diplomático que colaboró tanto con Gobiernos demócratas como republicanos, era la persona de referencia sobre Oriente Medio e Irán desde su llegada al cargo, en febrero de 2009.
En un comunicado, el portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, indicó que Ross, cuyo título oficial era el de asesor especial de la Presidencia para Oriente Medio, "ha tenido un historial extraordinario de servicio público y un miembro clave del equipo del presidente durante casi tres años".
Según Carney, inicialmente Ross, de 62 años, se había comprometido a permanecer en su cargo sólo dos años, pero prorrogó su estancia al surgir los movimientos de agitación civil en Oriente Medio para reclamar medidas democráticas en los países árabes.
"Dennis ha sido un contribuyente notable a este Gobierno", afirmó el portavoz, quien destacó el papel del enviado en la respuesta de Washington a los movimientos de agitación civil en Oriente Medio este año y su protagonismo para imponer sanciones contra el programa nuclear iraní.
En un comunicado, Ross atribuyó su decisión a una promesa que había efectuado a su mujer de no permanecer más de dos años en la Administración.
Como enviado del Gobierno del presidente Barack Obama para Oriente Medio, Ross fue clave para diseñar la política de la Casa Blanca hacia la región, aunque abandona el puesto sin haber logrado el gran objetivo que proclamó el presidente a su llegada al poder en enero de 2009, un acuerdo entre israelíes y palestinos.
De hecho, ese acuerdo parece hoy más lejano que nunca, pese a las intensas negociaciones entre bambalinas para lograr que las partes regresen a la mesa de negociaciones abandonada hace catorce meses, cuando expiró la moratoria israelí sobre la construcción de nuevas viviendas en los asentamientos en Cisjordania.
El pasado septiembre, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) solicitó el ingreso como Estado de pleno derecho en la ONU, pese a la oposición de EE.UU., que insiste en que el nacimiento de un Estado palestino debe provenir de negociaciones entre las partes.
Palestina sí obtuvo el 31 de octubre el ingreso como Estado de pleno derecho en la Unesco, la organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
Esa decisión llevó a Washington a suspender los fondos que aporta a esa institución, sesenta millones de dólares, en una iniciativa que inmediatamente secundó Israel.
Aunque la iniciativa palestina en la ONU tiene pocos visos de éxito -EEUU ya ha anunciado que vetará el ingreso como Estado de pleno derecho-, desde entonces los esfuerzos internacionales por aproximar posiciones han caído en terreno baldío.
Una propuesta del Cuarteto mediador para restablecer las negociaciones este año para lograr un acuerdo en doce meses fue acogida con buenas palabras pero escasos avances, sin que la visita de una misión de este grupo negociador (EE.UU., Rusia, la UE y la ONU) en octubre a la región arrojara frutos.
De religión judía, Ross, quien ya había actuado como enviado del presidente Bill Clinton para la región, goza de excelentes lazos con los líderes israelíes.
Pero ello no evitó que fuera el hombre clave tras la propuesta del pasado mayo de Obama para destrabar las negociaciones, que incluía el que se partiera de las fronteras previas a la guerra de 1967, en la que Israel ocupó los territorios de Cisjordania, Gaza, los altos del Golán y la península del Sinaí.
La propuesta de Obama contó con el rechazo tajante del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, con el que el presidente estadounidense ha mantenido una relación abrupta a lo largo de su mandato.
No ha ayudado que en los últimos días se revelara un intercambio entre Obama y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, en el que el líder galo tildaba a Netanyahu -sin darse cuenta que los micrófonos estaban abiertos- de "mentiroso".
Obama no le quitaba la razón, al replicar: "tú estás harto de él, pero yo tengo que lidiar con él con mucha más frecuencia que tú".
Macarena Vidal
Dennis Ross, un diplomático tan veterano como polémico
Dennis Ross, que anunció hoy su dimisión como enviado de Estados Unidos para Oriente Medio, es un diplomático tan veterano como cuestionado por sus lazos con Israel, que han influido en la política de Washington durante más de dos décadas.
A sus 62 años, Ross, que abandonará en diciembre su cargo en el Consejo de Seguridad Nacional (NSC) de la Casa Blanca, ha trabajado para cinco presidentes estadounidenses, y ha sido determinante en la relación con israelíes y palestinos de tres de ellos: George H. Bush (1989-1993), Bill Clinton (1993-2001) y el actual mandatario, Barack Obama.
Su dimisión, justificada oficialmente por la promesa a su mujer de que se retiraría tras dos años en el cargo, deja un vacío importante en el Gobierno de Obama, que pierde a su persona de referencia en la región tras sufrir en mayo otra baja importante, la de su enviado para asuntos israelíes y palestinos George Mitchell.
Nacido en 1948, apenas seis meses después de la creación del Estado de Israel, Ross nunca ha ocultado su afinidad por la causa judía, que le ha convertido en una baza segura en las relaciones de Washington con Jerusalén.
Por supuesto, esa misma tendencia le garantizó un sinfín de críticas del lado árabe y le creó enemigos en la mayoría de cargos en los que ha trabajado. Pero Ross ha sabido, como buen diplomático, compensar la controversia con su vasto conocimiento de la región.
La cuestión de Jerusalén es, quizá, la que mejor ejemplifica su firmeza en torno a los intereses israelíes, y la que cerró las puertas a varios de sus intentos de negociación con los líderes palestinos, especialmente con el fallecido Yasir Arafat, a quien llegó a acusar de ser "incapaz de lograr la paz".
"Lo cierto es que Jerusalén es la capital de Israel. Eso es un hecho. También es un hecho que no debería volver a ser dividida", aseguró en una entrevista con el diario "Jerusalem Post" en 2008.
El primer Gobierno para el que trabajó Ross fue el del demócrata Jimmy Carter (1977-81), en la oficina del subsecretario adjunto de Defensa, Paul Wolfowitz.
Allí contribuyó a desarrollar un extenso estudio que muchos expertos consideran la base de la renovada hostilidad de Estados Unidos hacia Irán en las administraciones siguientes.
Su agresiva posición respecto a Irán tampoco ha sido un secreto a lo largo de los años, y se contempló como la verdadera razón de que Obama decidiera desplazarle hacia asuntos de Oriente Medio en junio de 2009, cuando sólo llevaba unos meses como consejero especial para el Golfo Pérsico en el Departamento de Estado.
Ross también trabajó para Ronald Reagan (1981-89), como encargado de Oriente Medio en la Casa Blanca y como jefe de planificación política en el Departamento de Estado, un cargo en el que Bush le mantuvo.
La llegada de Clinton al poder marcó el comienzo de su labor como enviado especial para Oriente Medio, al frente de los estériles intentos de revitalizar las negociaciones de paz, que él mismo describe en su libro de 2004 "The Missing Peace".
"Aún está por llegar el tipo de transformación que haría posible que el mundo árabe reconociera que Israel tiene necesidades", escribió el diplomático.
En 2001 hizo un paréntesis en su trabajo para el Gobierno y se unió como experto al Instituto de Washington para la Política de Oriente Medio, un centro de estudios de marcada tendencia israelí y a donde regresará tras abandonar la Casa Blanca.
Además, respaldó el trabajo del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, uno de los grupos que más abogó por la invasión de Irak tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, y llegó a firmar una carta en la que aseguraba que esa medida podría "contribuir decisivamente a la democratización de todo Oriente Medio".
Su experiencia en la región le permitió incluso predecir la oleada de revueltas árabes de la pasada primavera, como supervisor de un informe encargado por Obama en agosto de 2010 que vaticinaba protestas desde Baréin a Yemen.
Nacido en San Francisco (California), de madre judía y padrastro católico, creció en una atmósfera poco religiosa y no se convirtió al judaísmo hasta después de la Guerra de los Seis Días de 1967, cuando rozaba la veintena.
Durante sus estudios de grado y doctorado en la Universidad de California, Ross se especializó en la Rusia soviética, aunque sería Oriente Medio la región que le marcaría, con una pasión que, según muchos analistas, acabó por precipitar su salida de un proceso de paz en el que Washington se ve cada vez más desacreditado.