"Distribuir un filme nacional en Perú siempre es difícil", lamenta Verónica Oliart


Las dificultades para hacer cine en Perú persisten y los fondos para estimular la producción son todavía limitados, a juicio de la cineasta peruana Verónica Oliart, que apunta que el país genera al año unos cuatro títulos nacionales.


"Es casi imposible producir en Perú sin los fondos estatales y la ayuda del programa Ibermedia (que estimula el cine de la región latinoamericana)", explicó a Efe Oliart, productora de la película "El inca, la boba y el hijo del ladrón", que se presenta estos días en el Festival de cine latino de Chicago.


La productora del filme, que recibió un premio del público en el pasado Festival de cine de Lima, recalca que "distribuir una película nacional en Perú siempre es difícil" y que las cintas consiguen mantenerse muy poco tiempo en cartel.

 

Además, la dependencia casi exclusiva de las ayudas públicas otorga al cine peruano una subordinación a las voluntades del poder, opinó la productora.


Tanto es así que "el nuevo gobierno ha cumplido por primera vez la ley y ha repartido toda la plata destinada al cine". Y tanto es así que Perú estuvo recientemente sin una legislación para promover el cine y se mantuvo casi un lustro sin producir películas nacionales.


"Con la nueva situación, hay directores nuevos que están haciendo películas chéveres", añadió.

 

La película que presenta Oliart en Chicago costó medio millón de dólares, movilizó a treinta personas, implicó casi cuatro años en búsqueda de dinero para rodar nueve semanas y sus tres protagonistas se estrenaban en el cine.


Para las tres historias paralelas que cruza "El inca, la boba y el hijo del ladrón", la productora y su marido, Ronnie Temoche, director del filme, decidieron idear "una estrategia para alargar su presencia en el país" y esquivar las dificultades de distribución.


Estrenaron el pasado septiembre exclusivamente en Lima, donde solo se mantuvo dos semanas en cartelera y recibió una tímida respuesta de público, pero después iniciaron una gira por diferentes ciudades menores, donde la audiencia creció en paralelo al mayor conocimiento de la cinta.

 

Les queda todavía un tercer paso: la proyección del filme "en un circuito más alternativo", en localidades donde no suelen tener salas comerciales de cine.


Oliart destaca la importancia de las zonas más alejadas de la capital, que son cuna también de un movimiento cinematográfico particular.


"Hay una movida muy fuerte, el llamado cine regional, que no es del todo profesional, que por su estándar de calidad no llega a los cines, pero que creo que saldrá de ello algo potente", reveló la cineasta.

 

El movimiento, añade, ha generado unos treinta títulos en ocho años y tiene una especial tendencia por el cine de terror.


La productora peruana presenta su película, "El inca, la boba y el hijo del ladrón", como una "fábula en un ambiente hostil y duro", como "un cuento de amor".


El largometraje aborda las historias paralelas de "tres personajes que se ven obligados a dejar una pequeña localidad para poder sobrevivir y cumplir sus sueños".


En esa búsqueda de sueños, también aparecen episodios más propios del dormir turbio y de los que se desprende un Perú con injusticias y desigualdades, y una ciudad de Lima hostil y abofeteadora.


fecha edicion
old id
812941
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América