Más de dos décadas después de recobrada la democracia en Chile, dos libros muestran que la división causada por Augusto Pinochet sigue viva, sin reconciliación, perdón ni olvido entre víctimas y victimarios.
Ello, pese a una democracia aparentemente asentada, una economía emergente, alternancia en el poder, Pinochet muerto, muchos violadores de derechos humanos encarcelados y las víctimas formalmente reivindicadas.
"Miguel Krassnoff. Prisionero por servir a Chile", de Gisela Silva y "Una mujer en Villa Grimaldi", de Nubia Becker, son los libros que desde trincheras opuestas han sacado nuevamente a la luz heridas abiertas de una sociedad todavía desgarrada, según diversos analistas.
Ninguno de estos libros es nuevo. El referido a Krassnoff, un exbrigadier condenado a 144 años de prisión como autor de decenas de homicidios y secuestros calificados (desapariciones) va en su cuarta edición.
El de Nubia Becker ha sido reeditado tras haber circulado ilegalmente en la década de los ochenta, con el título de "Recuerdos de una mirista", firmado por "Carmen Rojas", seudónimo de su autora, que entonces vivía clandestina, unida a la resistencia contra la dictadura.
El primero fue editado el pasado enero en Moscú por el "Museo y memorial de resistencia antibolchevique" y el segundo por la editorial Pehuén.
"Miguel Krasnoff..." es una apología a los agentes de la policía secreta de Pinochet que según proclaman, salvaron a Chile del comunismo y niegan haber asesinado a más de 2.400 presos políticos, haber hecho desaparecer a otros 1.200 y torturado a más de 28.000, según han comprobado investigaciones oficiales.
Todos se dicen simples "analistas de inteligencia", injustamente acusados y condenados por tribunales "infiltrados por el marxismo".
Miguel Krassnoff, que dirigió una brigada encargada de exterminar al MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria, que combatió con armas contra la dictadura), es uno de ellos.
"Pese a las acusaciones, mantengo en alto mi ánimo y mi inquebrantable fe en Dios. Que todos sepan que soy un cosaco y me siento orgulloso de ello, mismo sentimiento que guardo por usar el uniforme de Oficial del Ejército de Chile. Soy un soldado al que han transformado en perseguido político, pero no en un militar chileno derrotado, ni mucho menos en un cosaco postrado", proclama desde el libro.
El texto recalca la ascendencia cosaca de Krasnoff, hijo y nieto de generales.
El abogado Gabriel Zaliaznik, dirigente de la comunidad judía en Chile, reveló en un artículo que el abuelo y padre del oficial chileno estuvieron involucrados en matanzas antisemitas en Rusia y Alemania.
"Su abuelo Piotr Krasnow fue un criminal de guerra que dirigió a los Cosacos del Don (Ucrania), siendo responsable de numerosas matanzas (pogromos) en contra de los habitantes judíos de esas zonas".
"Con el advenimiento de Hitler y la invasión nazi a la URSS, Piotr Krasnow se incorporó al bando alemán, donde también estuvo Semeon Krasnow", el padre de "capitán Miguel", apodo de Krassnoff en la policía secreta, según como recuerdan en Chile los supervivientes que pasaron por sus manos.
El abuelo y el padre de Krassnoff "fueron enjuiciados por crímenes de guerra, traición a la patria y colaboración con el enemigo, siendo condenados a la pena de muerte y ejecutados por fusilamiento en la Cárcel de Lefortovo en enero de 1947", señaló Gabriel Zaliaznik.
Entre las víctimas de Krasnoff en Chile estuvo Diana Arón, una joven periodista arrestada con un embarazo de seis meses.
Osvaldo Romo, un torturador fallecido hace algunos años, reveló en una entrevista, poco antes de morir: "cuando torturábamos a Diana Arón, fui brutalmente apartado de mi trabajo por mi capitán Krassnoff, que completamente fuera de sí, le gritaba: '¡A mí no me vas a engañar y aunque tenga que matarte me dirás la verdad, perra puta'".
"La agredió con tal brutalidad que le produjo una hemorragia, el suelo se llenó de sangre, del feto. Krassnoff salió de la sala de torturas gritando: 'Además de marxista, la conchesumadre es judía, hay que matarla'", precisó Romo
El lanzamiento del libro de Krasnoff, definido como "un acto de homenaje y desagravio" por el exministro de Pinochet Alfonso Márquez de la Plata, fue organizado por Cristián Labbé, un excoronel y guardaespaldas del dictador, actual alcalde del municipio santiaguino de Providencia.
Organizaciones sociales, familiares de víctimas, supervivientes y agrupaciones políticas convocaron a una "funa" (manifestación de repudio) contra el lanzamiento, a la que hasta el mediodía de este lunes se habían adherido más de 2.000 personas a través de las redes sociales.
Labbé y organizaciones de militares retirados han calificado los rechazos como un ataque a la libertad de opinión, mientras en el Parlamento se presentó un proyecto de ley para prohibir apologías a la dictadura o sus expresiones.
En "Una mujer en Villa Grimaldi", su autora, Nubia Becker, describe cómo fue torturada por Krassnoff; lo describe en detalle en el libro, del que "nadie podrá salir indemne" después de leerlo, según señala en el prólogo el poeta Raúl Zurita.
Un libro que también levanta, desde el suplicio y la muerte, "increíbles imágenes de amor, delicadeza y solidaridad", dice el poeta.
Nelson Sandoval Díaz