El matador de toros venezolano Rafael Orellana corto hoy las dos únicas orejas de la tarde y salió a hombros por la puerta grande en la tercera corrida de la feria de Nuestra Señora de Regla celebrada en la ciudad andina de Tovar.
Su compatriota César Vanegas tuvo que abrir plaza y matar el segundo toro de Antonio Barrera porque el español se indispuso por un posible corte de digestión, según el médico de plaza, que también le impidió hacer el paseíllo.
Se lidiaron seis toros venezolanos, cuarto, quinto y sexto de "El Prado", primero y tercero de "Rancho Grande" y el segundo de la divisa "La Consolación".
Disparejos de presentación aunque todos tuvieron movilidad; pesaron 435, 449, 435, 453, 430 y 435 kilos y destacó el primero que embistió largo y con codicia a las telas.
Con la plaza a rebosar, destacaron Salvador Moreno en banderillas, Gerson Guerrero en la brega y William Hidalgo en varas.
Vanegas, silencio, silencio, ovación.
Orellana, ovación, dos orejas.
Barrera, ovación en el único que mató.
Vanegas abrió plaza en lugar de Barrera porque el sevillano estaba hidratándose bajo supervisión médica en una ambulancia estacionada en el patio de caballos.
Se encontró con un toro de francas embestidas al que manejó airoso con la capa; clavó dos pares y medio de banderillas que calentaron los repletos tendidos; realizó emotivo trasteo y mató de pinchazo y estocada.
En su segundo, que se lo brindó al famoso ex jugador de béisbol de Grandes Ligas, David Concepción, anduvo por encima de las condiciones del astado.
En el que mató por Barrera, invitó a Orellana a banderillear, clavando cada uno un par arriba, luciéndose al "gallear"; comenzó el trasteo sentado en el estribo y finiquitó la faena de certero "espadazo".
Orellana saludó al feo berrendo con templados lances a pies juntos; el toro derribó en varas y buscó en el primer par al banderillero; pronto se fue a las tablas y ahí llegó el tovareño a sacarle los pases que tenía a fuerza de exponer; le recetó una estocada hasta los gavilanes que acabó con el "regalito".
Al quinto lo recibió de rodillas en la puerta de toriles, pero el astado no atendió el capote y le paso por encima; insistió para pasarle un farol de rodillas antes de agarrar los "garapullos".
Clavó los tres pares en todo lo alto; le brindó la muerte al ganadero Molina que agradeció el gesto con franca sonrisa.
Valiente faena en el centro del redondel, con pases de todas las marcas al compás de la música; la plaza se puso en pie y llegó a pedir el indulto.
Lo mató de pinchazo y estocada, entrando derecho como una vela, que lo hizo rodar sin puntilla. Fue premiado con dos orejas.
El primer espada, Barrera, llegó al callejón a matar el tercer toro; lo lanceó valiente, haciendo el compás, para recibir cariñosa ovación; trasteó sobre la pierna y le sacó pases al bicho de corta embestida.
Lo mató por derecho antes de pasar a la enfermería; salió a matar el sexto pero lo obligaron a volver a la enfermería y de ahí pasó a una clínica local.