Para incomodidad de Mario Draghi, el primer ministro español Mariano Rajoy podría disfrutar demasiado los fondos de emergencia del Banco Central Europeo.
La actitud de Rajoy de relajar el compromiso de reducir el déficit de España, apenas unos días después de la última oferta de préstamos a tres años a los bancos por parte del banco central, ha enfrentado al presidente del BCE precisamente con el tipo de conducta que quiere evitar.
A los funcionarios del BCE les preocupa que el respiro que han obtenido para los países más vulnerables de la región les haya quitado presión para abordar el déficit presupuestario que generó la crisis.
Los costos crediticios españoles a 10 años han caído 62 puntos básicos, a 5.198%, desde que se anunciaron las medidas del BCE en diciembre, lo cual proporcionó lo que Rajoy calificó de “gran alivio”, conforme la toma de préstamos del banco central por parte de entidades crediticias de España aumentaba a niveles récord.
Su actitud respecto del déficit pone al BCE en la misma situación que enfrentó el año pasado, cuando el Gobierno del ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi dio marcha atrás con las promesas de austeridad a cambio de las compras del BCE de bonos.