Los cubanos, otra vez, deben ajustarse el cinturón. Esto está malo’’, dice Eneida Torres. El petróleo está muy escaso. El jabón de lavar y de bañarse llega cada dos o tres meses’’.
Torres— una viuda de 59 años que vive en una pequeña casa de madera con su hijo, su hija, su yerno y sus dos nietas— como muchos otros cubanos está haciendo cuentas luego que el gobierno decretara un alza general de precios de productos de venta en dólares, la primera en casi una década.
Sin familiares en el exterior que le ayuden enviándole valiosos dólares, Torres sólo cuenta con una pensión de viudez de 80 pesos mensuales (unos tres dólares). Lavando platos y cocinando para una familia por las mañanas, consigue algunos pesos adicionales.
Torres admite que bajo el sistema socialista de Cuba, los servicios básicos como la atención médica y la educación están cubiertos. Pero al mismo tiempo señala sus zapatos deportivos rotos y dice que un par nuevo le costará de tres a cuatro dólares. ‘’Usted cree que mi chequera (cheque de viudez) dé para eso?’’.
La modificación general de precios, implantada el pasado 3 de junio, fue la más reciente señal sobre el apremiante estado de las cuentas cubanas, azotadas desde fines del año pasado por una baja en el turismo —principal fuente de ingresos en moneda dura con unos 2,000 millones de dólares anuales— y alzas de más de cinco dólares en el barril de crudo.
El gobierno del presidente Fidel Castro ha visto reducidos sus siempre magros ingresos en divisas —con menos dólares por el turismo y exportaciones claves como azúcar—, mientras está obligado a importar un costoso petróleo pues sólo produce el 45% de lo que necesita. Por cada dólar que sube el precio del petróleo, el estado debe desembolsar unos 50 millones de dólares adicionales.