En días pasados analizamos por qué la canasta básica de alimentos no tiene mayor oportunidad de bajar de precio para los consumidores.
Hoy queremos hacer una radiografía objetiva sobre cómo está el sector agropecuario. Es claro que otros sectores de la vida nacional generan mucha más riquezas y ganancias para los empresarios e inversionistas tanto nacionales como extranjeros. Solo falta ver si con toda esa riqueza o millones de dólares que generan podrán servirles para calmar el hambre el día que no haya que comer, debido a la falta de producción en los campos del interior del país.
El sector agropecuario muestra signos de depresión y desánimo en general. Hay una enorme incertidumbre y por ello cada vez se produce menos y el aporte o contribución del sector agropecuario es menor al producto interno bruto nacional, que no supera el 3% y va en descenso.
Ya se han hecho aportes e ideas para mejorar. ¿Por qué no se aplican? El Mida hace su papel, pero aún no es suficiente. Se necesita del órgano Ejecutivo y de una política real, clara y franca en apoyo al sector.
Hace poco, un grupo de empresarios venezolanos se me acercó con una lista de productos para exportar de Panamá hacia el Caribe. En la lista había vegetales y frutas, y era muy completa. Cómo podemos pensar en exportar rubros que ni siquiera tenemos para nuestro mercado local.
Estos empresarios querían revender productos panameños en el exterior. ¡Qué fácil! Otro productor panameño produce y ellos lo venden afuera sin tener mayor riesgo y seguro comprado al crédito, es decir, trabajar con el dinero de nuestro productor que no le sobra o que se lo debe a un banco de la localidad o casas comerciales. Esa figura de negocio no aplica.
Lo que necesita el sector es la figura de alianzas comerciales, pero reales y no de boca. Que los empresarios extranjeros que deseen exportar hagan su aporte a la producción e inviertan en el campo para lograr producir dichos alimentos. Que inviertan con recursos (dinero), materiales (insumos), tecnología y capacitación.
Eso solo es posible si se logran las alianzas comerciales correctas, en las que ambas partes aporten lo mejor de cada una con el propósito o bien común.
Hay que tomar las precauciones necesarias con los seguros agropecuarios y con los contratos legales en los que ambas partes aseguren sus intereses y patrimonio para que nadie salga perjudicado en la operación. La cosa no es producir por producir para luego ver quién compra y, encima, que paguen precios bajos por el trabajo de muchos meses.
Si quieren llevarse nuestros vegetales, frutas y otros rubros, tienen que invertir, poner dinero en el campo y correr el riesgo que les toque. Eso es lo justo. De lo contrario, tendrán que pagar los precios altos por dicho producto. Que los productos no se vendan a consignación, que no es más que un robo al productor, pero con un nombre bonito. Es un término que está en los libros de economía, pero cada día es más perjudicial para el productor. Hay que eliminar esa figura.
Como última reflexión, debo indicar que el dinero no se puede comer el día que no haya alimento del campo. Está en manos de los gobernantes ejecutar una verdadera revolución del campo panameño en pro de la soberanía alimentaria y del beneficio de todos los ciudadanos. Solo así tendremos más alimentos y mejores precios en nuestras mesas. Un pueblo que come y se alimenta es un pueblo feliz y sano.