Con la llegada del neoliberalismo, la gran mayoría de los países subdesarrollados del mundo, incluyendo Panamá, iniciaron el proceso de privatizar o vender sus empresas de utilidad pública, sobre todo aquellas que suministran los servicios de telefonía, electricidad y correos.
Sin embargo, esta decisión apoyada por algunos sectores y rechazada por otros, se ha traducido en muchas ocasiones en un aumento desmesurado de las tarifas, lo que ha evitado que una gran cantidad de personas puedan tener acceso a los mismos.
De acuerdo a Kurt Van Haaren, presidente de la Internacional de Comunicaciones que tiene su sede en Ginebra, Suiza, y que aglutina a más de 5 millones de trabajadores de las telecomunicaciones, el sector eléctrico y los correos, la situación es preocupante ya que estos servicios masivos de carácter social deben ser universales y toda la población debe poder utilizarlos.
Sobre las telecomunicaciones Van Haaren, quien recientemente visitó Panamá como parte de una gira por Latinoamérica, sostuvo que es uno de los servicios fundamentales debido a que no se puede limitar al uso de un simple teléfono.
Esto se debe a que la comunicación es información y aquellas personas que no están informadas no pueden participar en la vida política de un país.
Por su parte, el sector energético es un bien fundamental para todos los seres humanos, por lo tanto las grandes transnacionales que lo explotan no deben pensar sólo en el lucro cuando se trata de proporcionar dicho servicio.
En tanto, el correo debe tener un carácter general y en este caso no sólo se debe tratar de tener un acceso inmediato, sino que los operadores, sean gubernamentales o privados, tienen que comprometerse a respetar la confidencialidad de la correspondencia.
El sindicalista explicó que existen diferentes imágenes sobre la privatización debido a que en algunas naciones como Alemania, que es su país de origen, cuando se abrió el mercado de las telecomunicaciones entraron muchas empresas a competir y hoy en día existe una guerra de precios muy fuerte, que en cierta forma ha beneficiado a los consumidores.
No obstante, todo no podía ser color de rosas y los trabajadores han salido perdiendo, porque para ser más competitivas las compañías han tenido que reducir sus planillas, no realizando despidos, sino no contratando a nuevo personal.
Explicó que lamentablemente en los países en desarrollo como Panamá, la situación con las grandes compañías internacionales es diferente, porque en estas naciones, las mismas no tienen mucho interés de bajar los precios, ya que sus principales clientes pasan a ser las grandes empresas y no la población en general.
Esto quiere decir que no les importa tener precios altos y que la mitad de las personas no tengan acceso al servicio, dado que su mayor fuente de ingresos proviene del sector privado.
Según Van Haaren la Internacional de Comunicaciones está luchando para que se reglamente la universalización de los servicios públicos, y que las empresas que entren en un país tengan sistemas que sean accesibles para todos y sus precios puedan ser pagados por la mayoría de los usuarios.
Así mismo se busca lograr que parte del lucro que logren estas grandes operadoras sea devuelto de alguna forma a la comunidad a través de servicios sociales.