Al iniciarse el nuevo año, al inversionista y administrador financiero se le presenta, por lo general, la necesidad de evaluar y reevaluar objetivos estratégicos y prospectos de inversión.
En ese momento le recomiendo repasar algunas lecciones básicas de filosofía y metodología, cuya aplicación correcta puede ser la diferencia entre una buena y una mala decisión, no importa si estamos resolviendo un problema financiero personal, empresarial, o relativo a la bolsa de valores.
Uno de los recursos metodológicos y filosóficos de mayor trascendencia y aplicación práctica a través de los siglos es el concepto del "punto medio dorado".
Deducido y divulgado hace cientos de años por Buda (en su Primer Sermón), Aristóteles (en su Etica Nicomaqueana), Jesucristo (en distintos episodios de los Evangelios), y otros filósofos y pensadores, básicamente consiste en evitar los extremos, y en buscar el "punto medio dorado" al momento de tomar decisiones. Dicho punto es el que, con mayor probabilidad, habrá de rendirle resultados óptimos.
Un ejemplo ilustrativo: Usted se plantea la posibilidad de invertir su capital libre en la bolsa de valores norteamericana, por saber que dicha inversión a largo plazo genera un rendimiento promedio anual a 11%.
Un extremo es no invertir nada, por considerar dicha posibilidad como altamente riesgosa. Otro extremo sería invertir todo su capital. El punto intermedio dorado sería el destinar una parte, quizás el 20 ó 30% de su capital, a la bolsa.
Una vez en la bolsa se presentan inmediatamente diversas disyuntivas extremas. La primera es el plazo: ¿Es mejor el largo versus el corto plazo? Aplicando la técnica del punto medio dorado otra vez, usted resolvería, correctamente, abstenerse de inversiones a muy breve plazo, por ser altamente riesgosas. Pero un plazo muy largo (30 años o más) tampoco parece ser la mejor opción para la mayor parte de los inversionistas, por lo que probablemente deberíamos optar por un "horizonte de inversión" intermedio, que se extienda por pocos años o menos.
El mismo criterio podemos aplicarlo al escoger la mejor inversión bursátil. Usualmente se recomienda la diversificación como vía de reducir el riesgo de la inversión. Pero ¿cuán elevada debe ser? Otra vez, evitemos los extremos: muy poca diversificación (dos o tres acciones) podría resultar muy arriesgado, y una excesiva diversificación (decenas de acciones) podría resultar muy costoso y difícil de manejar.
Probablemente lo óptimo sería combinar un fondo mutuo indexado transable en bolsa (en inglés, "ETF") con una canasta de media docena de acciones, diversificadas sobre la base del sector económico al que pertenecen las empresas.
Otra decisión a tomar es el nivel de capitalización. ¿En cuál es mejor invertir, las empresas de muy alta capitalización, o las empresas muy pequeñas? El método del punto intermedio dorado nos llevaría, correctamente, a evitar ambos extremos.
Los precios de las acciones de empresas de muy alta capitalización tienden a ser relativamente estables, pero el dinamismo y rentabilidad de dichas empresas tienden a ser inferiores, por lo que los precios de sus acciones también tiende a elevarse lentamente con el tiempo.
Las empresas muy pequeñas pueden, en contraste, crecer muy rápidamente, pero su precio de bolsa es también inestable en extremo, y está sujeto a manipulaciones por especuladores.
El punto intermedio dorado parecería indicar que lo correcto es concentrar su capital en las empresas de capitalización "intermedia", y destinar no más de una pequeña porción a empresas pequeñas o instrumentos derivados, como son las opciones y futuros.
La técnica del punto intermedio dorado es aplicable universalmente. Al momento, por ejemplo, de formular pronósticos o tomar decisiones de asignaciones presupuestarias de fondos, evite los extremos, que por lo general llevan a resultados erróneos.
Para algunos lectores resultará obvio que la técnica del punto medio dorado guarda relación con la ley de la proporcionalidad.
Esta ley fue expresada hace doscientos años por el filósofo alemán GWF Hegel como "la ley de la transformación de la cantidad en calidad, y viceversa", y en economía se expresa como las leyes" de la oferta y la demanda" y del "rendimiento decreciente". Sencillamente, esta ley indica que la acumulación cuantitativa de factores lleva a un cambio cualitativo.
Aplicada al principio del punto intermedio dorado, lo convierte en un instrumento dinámico. Al acumularse, con el paso del tiempo, los factores, bien podría ocurrir que previamente determinado punto "intermedio" deja de serlo, y pasa a convertirse en un punto extremo. Así, la combinación del método con esta ley universal nos ayuda no sólo a tomar la decisión óptima, sino también nos ilustra la necesidad de evaluar periódicamente nuestras decisiones económica o de otro tipo, y de tomar los ajustes correctivos cuando llegase el momento.
(*) Roberto N. Méndez (www.rnmendez.com) es profesor titular de Economía y Finanzas en la Universidad de Panamá.