El negocio de la banca es un círculo del cual las personas menos afortunadas ven reflejada la salvación a las preocupaciones.
Ya no se sabe qué es más rentable, dejar los ahorritos debajo del colchón o seguir el consejo que inculca la Caja de Ahorros desde que somos niños. La realidad es cruel, las cuentas corrientes pagan un interés de hambre, no respalda la inflación que golpea el bolsillo del pueblo. Más demoramos rezándole al santo preferido para lograr llegar a la quincena sin tener que recurrir a los tan populares préstamos.
Ahorrar no es malo, hago constar, lo malo es que le quiten el entusiasmo al cuentahabiente, aún más cuando cobran esas tasas altísimas por los préstamos.
Antes de dar un sí, hay que asesorarse.