El futuro de la conducción está a la vuelta de la esquina.
Los vehículos que funcionan con hidrógeno y energía solar ya andan por las calles. También hay automóviles que nos llevan por el tránsito pesado mientras nos relajamos y enviamos mensajes de texto desde atrás del volante. Las unidades incluso utilizan radar, ondas ultrasónicas y cámaras para cambiar de carril y esquivar zonas de atasco.
Todas estas tecnologías todavía están en su fase de prueba, pero eso no ha impedido que las empresas automotrices y tecnológicas exhiban un nuevo paradigma de la conducción. Es un mundo donde uno ya no se emociona por tomar el volante, sino que se relaja con un libro o una película mientras el carro nos lleva a nuestro destino.
Una simulación en el CES hecha por Delphi Automotive PLC, un proveedor de partes de automóviles y tecnología a importantes armadoras como Ford, GM y Volvo, mostró las posibilidades. Utilizando un inerte pero trucado Tesla Model S, el escenario imagina “carriles autónomos de conducción”, muy parecidos a los carriles exclusivos que hoy existen para los vehículos compartidos. Según la empresa, los automóviles pudieran entrar algún día en estos carriles y luego correr en piloto automático. La hazaña es posible hoy día con una mezcla de tecnología que mantiene a los coches en el carril y un control de crucero que adapta la velocidad del coche al vehículo enfrente de él. Mientras avanza por el carril autónomo, los cristales del coche se escarchan, y funciones que estaban inhabilitadas para el conductor, como la reproducción de video desde un miniproyector, se encienden. El usuario puede dedicarse a otras actividades, como navegar por la red o tomar una siesta.
Cuando la salida del conductor se acerca, el auto se vuelve cada vez más insistente, exigiendo al conductor recuperar el control. Primero, el reproductor de video se detiene. Entonces, una voz femenina dice: “Coloque ambas manos en el volante y mire hacia adelante en el sentido de la marcha”.
Por último, el asiento comienza a vibrar y una cámara orientada al rostro del conductor se asegura de que él o ella esté mirando el camino. El conductor toca una perilla giratoria, toma el control y maneja.
Aunque la innovación tecnológica no es un problema, hay muchos topes en el camino hacia ese futuro. Los consumidores deberán aceptar la seguridad y confiabilidad de estos sistemas, los Gobiernos deben elaborar y aprobar leyes, y las aseguradoras deben elaborar directrices para responder a preguntas difíciles como quién sería culpable en caso de accidente. La regulación es un conjunto de retazos de todo el mundo.