Colombia, segundo productor y exportador mundial de café después de Brasil, importará a finales de este año o comienzos de 2001 cantidades aún por establecer de este grano, para atender la demanda interna y exportaciones de cafés procesados.
Esta afirmación, realizada esta semana por el gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, Jorge Cárdenas, confirma el anuncio que, como posibilidad, venía haciendo esa entidad privada y el ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo, desde hace varios meses.
Será la primera vez que esta nación, conocida en todo el mundo por la alta calidad de su café, tiene que importarlo.
La producción de café en Colombia está bajando desde 1991, año en el que se obtuvieron 16,2 millones de sacas de 60 kilos, el mayor volumen de grano desde que existe este cultivo en el país, mientras que en 1999 fue de 9,1 millones de sacas, la cantidad más baja desde 1976.
La menor oferta de grano colombiano se refleja en una caída leve, pero continua, de la participación del país en las exportaciones mundiales de café.
Mientras que en el año cafetero 1994 a 1995 este país andino participó con un 14,2 por ciento en el mercado mundial, en el pasado año cafetero (1998 a 1999) llegó a tener una porción del mercado mundial de un 12,4 por ciento.
La merma continua de la producción del café se atribuye a la antigüedad de las plantaciones, lluvias a destiempo, el abandono de los cultivos o simplemente su erradicación para sembrar otros productos o para destinarlas a la ganadería.
La federación y el Gobierno reconocen que el problema de fondo es el alto costo de la producción y comercialización frente al de otros países que compiten con Colombia en el mercado mundial, factores sobre los que se llevan a cabo acciones locales.
Adicionalmente existe una baja cotización internacional promedio sobre la que una posible incidencia de los productores es mínima desde que a mediados de la década de los ochenta desaparecieron las cláusulas económicas de Acuerdo Internacional del Café.
El grano, que fue por muchos años el más importante producto de exportación y significó hasta la década de los setenta más del 50 por ciento del ingreso de divisas netas al país, hoy es apenas el 11 por ciento de las ventas colombianas al exterior.
Los tiempos en los que la tasa de cambio se movía en función de la situación cafetera para garantizar el ingreso de los cultivadores (se subía por las autoridades cambiarias cuando el precio en el exterior caía y viceversa), es cosa del pasado.
La revaluación del peso a lo largo de la década de los noventa y una inflación crónica hasta 1998, restó competitividad internacional a la producción de café, disminuyó los ingresos de los cultivadores y ocasionó graves problemas en el crédito, ya que en los últimos seis años las deudas de los cafeteros han tenido que ser refinanciadas en cuatro ocasiones.
Para hacer frente a la continua caída en la producción, las autoridades del sector iniciaron hace dos años un programa quinquenal para la renovación de 350.000 hectáreas de viejas plantaciones y reducir la edad promedio de los cultivos de siete a cinco años.
Al finalizar este año la primera renovación, hecha en 1998 sobre 78.694 hectáreas, debe entrar en producción, lo que según los cafeteros mejorará las expectativas de oferta, aunque no lo suficiente para atender los compromisos de exportación y el consumo interno.