La medida adoptada esta semana por el banco Wells Fargo referida a la aceptación como legítimo del documento de la matrícula consular mexicana, abre las puertas a un mejor futuro financiero a cientos de miles de mexicanos indocumentados en Estados Unidos.
No consiste en una green card, ni en un permiso de trabajo, pero sí admite de forma implícita que el peso específico de este segmento de la población no debe pasar desapercibido por más tiempo.
De alguna manera, Wells Fargo ha tomado la delantera y ha sabido entender que los indocumentados son gente honesta y trabajadora, y por lo tanto, gente con la que se puede entablar una relación de negocios. Como tal, ambas partes tienen mucho que ganar.
Los indocumentados mexicanos ya pueden abrir cuentas bancarias, hacer transacciones financieras, (entre otras, enviar dinero a México), y hasta invertir en planes de jubilación y en la Bolsa.
El banco se verá beneficiado con el flujo de capital procedente de los miles de indocumentados mexicanos que los ejecutivos dicen esperan aprovechen la medida.
De hecho, nada más anunciarse el pasado miércoles, una serie de bancos dijeron estar contemplando adoptar la misma decisión, entre ellos el todopoderoso Bank of America y el Union Bank.
Esta tendencia viene a demostrar lo que se ha dicho muchas veces: la iniciativa privada, incentivada por un cierto ánimo lucrativo --por otra parte, no hay nada que cuestionar-- lleva la delantera a la iniciativa pública.
Es especialmente significativo que sea la banca privada quien haya adoptado esta medida adelantándose a otras instituciones públicas, por ejemplo el cuerpo de policía.
Lo es porque si algo define a la banca es su rechazo al riesgo. Los bancos no están en el mercado para afrontar riesgos, sino para hacer dinero. Y con los indocumentados se puede hacer dinero. Tal vez algunos políticos deberían plantearse el tema más a fondo, sobre todo ahora que la economía se encuentra en medio de aguas turbulentas.
El incremento de la seguridad en las fronteras y aeropuertos, la crisis de la industria turística y la escasez de inversiones en nuevos equipos y tecnologías, han conducido al país a una recesión económica, la primera en más de una década.
Acusar a los indocumentados de apropiación indebida de empleos y de ser una carga fiscal para la sociedad, carece de fundamento. Si los bancos lo contemplan como una oportunidad de negocios, ¿no les debería a los políticos "caer el 20" y darse cuenta que sólo con leyes más justas y equitativas todo el mundo tendría mucho más que ganar?
Licencias de conducir, permisos de trabajo, libertad de tránsito, y una mayor integración al sistema político de este país deberían ser los pasos a seguir. Estados Unidos tendría mucho que ganar si de una vez por todas equipara el peso económico al político, y los indocumentados, demostrado está, tienen peso económico. Ahora sólo falta el político.