El Banco Central Europeo (BCE) y los doce bancos centrales nacionales de la eurozona han culminado en 2001 los preparativos para que más de 300 millones de europeos empleen a partir de enero próximo el nuevo dinero en efectivo.
La mayor operación logística en materia monetaria de la historia exigió una organización impecable y sin precedentes a cargo del llamado Eurosistema (el BCE y los bancos emisores del área), como ajustar las medidas de seguridad y homologar la producción en las quince imprentas que producen billetes, una de ellas curiosamente en el Reino Unido, país que no pertenece al área euro.
En total se habrán producido 14,900 millones de billetes en sus siete denominaciones de 500, 200, 100, 50, 20, 10 y 5 euros y 50,000 monedas de 2 euros, 1 euro y de 50, 20, 10, 5, 2 y 1 céntimo, que serán de curso legal a partir de medianoche del 1 de enero de 2002, exactamente tres años después de haberse introducido el euro como unidad monetaria de cálculo.
En este periodo, el euro ha sido empleado en la contabilidad de empresas, en bolsa y en muchas otras operaciones financieras, como en los mercados de divisas, pero para el consumidor medio ha sido más bien una moneda de fantasía.
Para muchos expertos, tres años han sido un espacio demasiado largo y el causante indirecto de la falta de confianza en una divisa "invisible", cuyo tipo de cambio frente al dólar y otras monedas fuertes se ha depreciado considerablemente.
Las entidades emisoras nacionales, en coordinación con el BCE, han llevado a cabo una amplia campaña publicitaria, bajo el lema "El euro, nuestra moneda", sobre sus elementos de seguridad en la televisión y la prensa escrita, pese a la que un buen número de ciudadanos aún no se siente bien informado, de acuerdo con las últimas encuestas.
El camino hacia el euro en efectivo no ha tenido tropiezos. Fallos en la producción del hilo de seguridad que lleva cada billete, el robo inicial del holograma distintivo en un transporte aéreo, el asalto y robo de euros en un transporte de seguridad en Alemania, que hizo temer una falsificación masiva, y la distribución errónea al público de dinero antes de la fecha establecida oficialmente son algunos contratiempos. Ante su puesta de largo, el 1 de enero, los empleados de banca en varios países, como Francia y España, se han mostrado reacios a trabajar ese día, pese a la solicitud de los bancos emisores en un esfuerzo por evitar cuellos de botella en la entrega del nuevo dinero, sobre todo en los cajeros automáticos.