El último miembro del consejo de gobierno de la entidad en indicar esta postura ha sido el gobernador del banco central belga, Guy Quaden, quien en declaraciones al diario belga "L"Echo", dijo que los tipos no pueden permanecer siempre tan bajos como ahora.
Sin embargo, advertía de que esto no significa que el BCE ya tenga programado un incremento de los tipos, que desde junio de 2003 están en el mínimo histórico del 2%.
La mayoría de los analistas no espera que el banco emisor europeo modifique su política monetaria en su próxima reunión del 2 de septiembre y no apuesta por un alza hasta entrado el año 2005.
En su última rueda de prensa mensual, tras el encuentro del consejo de gobierno en julio, el presidente de la entidad, Jean-Claude Trichet, no dio pistas sobre una bajada del precio del dinero, que debería ir dirigida, en principio, a reanimar el alicaído crecimiento de la economía de los doce países del euro.
El encarecimiento del precio del crudo en los últimos meses tampoco es considerado un motivo para reducir los intereses en la sede del BCE. Su vicepresidente, Lucas Papademos, señalaba a principios de agosto, en una entrevista al diario italiano "Il Sole 24 Ore", que se calcula que un incremento del 10% del coste del petróleo incide en un 0.1% en la inflación en el primer año y en una cantidad similar en los dos años siguientes. Un alza del 10% del precio del crudo repercute, a su vez, en una caída del crecimiento económico del 0.05% en el primer año, y del 0.1% en el segundo año, estima Papademos.
El reducido impacto teórico en la inflación no sería incentivo suficiente para que el BCE aplicara una política monetaria más restrictiva, aunque últimamente el índice inflación haya superado el tope establecido del 2%.
Sin embargo, el Tribunal de Arbitraje de Moscú rechazó la solicitud de la compañía de detener una sentencia que le obliga a pagar 3,400 millones de dólares por impuestos evadidos en 2000.
El temor de los mercados es que una quiebra de la compañía rusa reduzca en alrededor de 1.7 millones de barriles diarios de crudo el nivel de oferta global en momentos en que la demanda es elevada. Tantas cosas de ayer, tantos escombros
de moluscos galantes contra el frío
de chalupas y costas encalladas
con las redes dormidas, marineras! VIII
musgos, en el candil ultramarino
de un caracol de nácar que consume
celestes óleos de fulgor mojado. Brincan delfines por las glaucas dunas
y desaferran, crueles, los faroles,
las rocas, las sardinas, las guitarras,
y el deslumbrante toro del vacío. Cómo nos duele el aire en la pregunta
que la garganta esconde y desafina,
con tormentosos hielos encendidos
y pescados de colas en salmuera.
y tritones con remos como lirios
hunden también su voz en las arenas
buscando estrellamares y memorias. Ni aún los marineros son iguales
en esta sobremesa sin claveles,
que resucita rostros flotadores
y barcarolas de rubí dormido. Un lucero de plata, fiel grumete,
de su neptuno mirador divisa,
cristalino tropeles de hipocampos
abordando a estribor el fondeadero.
leños entre las jarcias, desprendidos,
y el roce de los náufragos tan suave
como el célico anís de la memoria. ¡Cuántas manos ardiendo en los cantiles
con pulseras de azufre y hielo! ¡Oh cuántos
torsos con el ardor ya moribundo
sobre las deshojadas madreperlas!
en sótanos de espumas carceleras,
como una mariposa de relámpagos
fría entre ramblas de coral dormido. Te miro y me pregunto donde viene
esta raíz que de la tierra sube,
y el marfil que acalora tu figura
con volanderos pájaros marinos. Espanto de sentirte por la sangre,
huéspeda tutelar en las moradas
remotas que los ojos adivinan
con celestiales órbitas isleñas. En esta soledad, aunque distante
de los iluminados farallones,
el fuego que nos une nos separa
con sus gélidos yodos de berilo. X Bajo un cielo de azules golondrinas
la sombra asciende con sus pies de escamas
y transfigura el monte, centinela,
rondando entre portales de rocío. Ciudad de callejones inclinados:
púdica flor de marineros pétalos.
El pulso de la rada, detenido,
con el aire sin luz no se conforma. Duerme la madreselva y en los parques
el niño del briol muere de frío
con una vela roja entre las manos,
ajada flor de plumas salineras. Por la rampa del sur la lluvia llora
en los fustes del templo, sostenida.
El dulce mar Pacífico la escucha
sin mover una sola verde ceja. Alza la frente Dios y sus argollas
de luceros amargos palidecen
los últimos escollos navegantes
y el surtidor de estelas enfadadas. Distante, una canción, rompe las hojas
del árbol de la noche, ventolina,
y tres mangos de sombra, tres doncellas,
en lecho de espolines se desmayan.