La sorpresiva decisión de la Reserva Federal estadounidense (Fed) de bajar ayer sus tasas de interés intensificará las presiones que sufre el Banco Central Europeo (BCE) para seguirle los pasos, pero los analistas no imaginan que la banca de la Unión Europea ceda en lo inmediato.
La Fed anunció ayer, ante la sorpresa general, su cuarta baja de tasas desde principios de año. Su tasa interbancaria se establece en 4,5%, es decir un nivel desde este momento inferior al de la tasa directriz de la zona Euro, que es de 4,75%.
Cuatro bajas de tasas del lado nort, cero del lado europeo: el BCE, que ya había sufrido presiones considerables la semana pasada en los días que precedieron la reunión de su consejo de gobernantes, podría sufrir un nuevo concierto de exhortaciones de parte de políticos, sindicatos e institutos de estudios coyunturales.
"La presión política va a aumentar. Todas las organizaciones que habían llamado a una baja de tasas la semana pasada volverán a hacerlo", subraya Michael Schubert, analista del Commerzbank.
Sin embargo, estimó que "sería inhabitual que el BCE reaccione en la próxima reunión", el próximo 26 de abril, subrayando que el instituto, que siempre manifestó su independencia, "debe prestar atención a su reputación". "Creo que puede resistir a la presión", dijo.
Por su parte, Ulla Kochwasser, analista del Industrial Bank of Japan, señaló que el BCE tiene la oportunidad de "probar su independencia" frente a la Fed.
El presidente del BCE, Wim Duisenberg, había decepcionado ampliamente las expectativas de una baja de tasas durante una conferencia de prensa, rechazando incluso dar una indicación sobre la tendencia que tomaría la política monetaria en las próximas semanas.
Mientras tanto, las presiones continúan, y el director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), Horst Koehler, reiteró su llamado esta semana: "Tasas más bajas ayudarían en una fase crítica para la coyuntura en Europa y en el mundo, sin poner en peligro la estabilidad de la política del BCE", dijo.