La crisis económica mundial provocó una baja en la atracción de inversión extranjera en Panamá el año pasado, pero aún así muchos foráneos llegaron y decidieron realizar proyectos turísticos, siendo el polo de desarrollo el interior del país.
La naturaleza, el aire fresco, las playas y el atractivo entorno de las provincias constituye el paraje ideal para que muchos inversionistas decidan dirigir sus millones a proyectos encaminados a atraer turistas que aprecian el verdor y un oxígeno menos contaminado.
Es cierto que estos proyectos dejan dinero al Estado, empleo directos e indirectos e infraestructuras, pero esto no debe estar nunca por encima del perjuicio de los pobladores y del medio ambiente.
Estos proyectos deben proporcionar un equilibrio al lugar donde se construyan y no romper el ambiente natural que ofrecen los lugares en la campiña.
El Gobierno es el responsable de cuidar que los inversionistas nunca vayan en detrimento del país y de sus provincias, por lo que debe garantizar contratos balanceados e inspeccionar cuidadosamente las construcciones.
Sin embargo, no solo el Gobierno es responsable, pues la población también tienen la obligación de convertirse en guardianes y denunciar irregularidades.
Las inversiones son necesarias para que el país mantenga su nivel de crecimiento económico y surjan nuevos empleos que tanto se necesitan, pues las cifras indican que cada vez la tasa de desempleo es más alta.
Los inversionistas son bienvenidos a Panamá, siempre y cuando sea con la intención de hacer aportes positivos.