El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, participó ayer en un acto en que el fue colocada la primera piedra de una refinería que estará en operaciones en 2017, con capacidad para procesar 300,000 barriles de crudo.
"Antes no era normal darle tanto trabajo a la (estatal) Petrobras cuando un presidente está a unos pocos días de terminar su mandato", bromeó Lula en el acto, en alusión a que el próximo sábado dejará el poder en manos de la presidenta electa, Dilma Rousseff.
La refinería se construirá en el Complejo Industrial y Portuario de Pecém, en el interior del estado de Ceará, uno de los más pobres de la región noreste del país, y según algunos cálculos de Petrobras generará 90,000 empleos directos e indirectos.
El proyecto de la estatal apunta a producir diésel con bajo contenido de azufre, querosín para aviación, nafta, gas de cocina y combustibles para la industria naval.
Las obras forman parte del llamado Programa de Aceleración del Crecimiento, un multimillonario plan de obras de infraestructura que Lula puso en marcha en 2007, cuando comenzó el segundo de sus dos mandatos consecutivos.