La posibilidad de un nuevo fracaso en las negociaciones del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), es la previsión dominante entre observadores brasileños, aunque atenuada por esperanzas oficiales en llegar a un acercamiento.
El canciller Celso Amorim anunció que Brasil irá a principios de marzo a la próxima reunión en Puebla, donde concluyó sin acuerdos la anterior a inicios de febrero, dispuesto a no hacer concesiones que hipotequen el futuro del país y de sus planes de desarrollo.
El columnista Clovis Rossi, del diario Folha de Sao Paulo, estimó ayer que la frase de Amorim da a entender que continúa el impass que condujo al "receso", según la terminología oficial, de la última cita de Puebla entre viceministros de los 34 países involucrados en el ALCA.
Asimismo advierte que un nuevo fracaso en esa ciudad mexicana "no podrá ser disfrazado más como "receso" y ciertamente llevará, como mínimo, a cambiar la fecha (enero de 2005) para el fin de las negociaciones".
Sin embargo, anota que pese a todo el canciller brasileño es optimista, pues considera que el nudo que trabó la cita de Puebla estuvo muy próximo de ser disuelto con concesiones de ambas partes.
Brasil y el Mercosur piden la eliminación de las tarifas de importación de todos los productos, agrícolas y no agrícolas, para hacer del continente un área libre de tarifas de importación en 15 años, como expresó el vice canciller argentino Martín Regalado.
Frente a ello el denominado G-14, encabezado por Estados Unidos e integrado por países que tienen o negocian acuerdos de libre comercio con el gigante del Norte, propusieron reducir las tarifas de "substancialmente todo el comercio".
Los países del Mercosur temían que la palabra "substancialmente" escondía la trampa para que en Estados Unidos y Canadá se siguieran imponiento barreras proteccionistas a productos de interés de este bloque, como carnes, acero, jugo de naranja y azúcar, entre unas dos docenas de productos.
Rossi cuenta que el último día de la negociación se había llegado a una fórmula que podía ser la solución: en lugar de hablar de eliminar todas las tarifas arancelarias, se proponía un "sustancial aumento" del acceso a los mercados de los 34 socios del ALCA.
El Mercosur cedía porque la eliminación de las tarifas no sería total, y el G-14 también, porque al garantizar un "sustancial aumento" no podría seguir protegiendo todo cuanto protege hoy.
Pero el optimismo de Amorim respecto a que esto abra paso a un acuerdo parece tener un límite, pues aclara que será preciso que haya voluntad política para alcanzarlo, y esto se pondrá a prueba en Puebla, entre otras cosas.
Y entre estas "otras cosas" figura la pretensión de Washington y sus seguidores de vincular un mayor acceso a los mercados a la aceptación por los países sureños de las pretensiones norteamericanas en los temas que más le interesan: inversiones, servicios, compras gubernamentales y derechos de propiedad intelectual.