El gobierno de Tony Blair se ha lanzado al ejercicio peligroso de convencer a los británicos que deben pagar más impuestos para mejorar sus servicios públicos, pero las primeras reacciones han sido menos negativas de lo previsto.
El ministro de Finanzas, Gordon Brown, aludió abiertamente ayer, por primera vez, a la posibilidad de subir los impuestos para financiar los servicios públicos de salud, el National Health Service (NHS), que sufre desde hace años de una falta crónica de inversión.
"Dijimos en el momento de las elecciones (en junio 2001) que teníamos que situar al NHS en una posición sana a largo plazo" y "no excluimos alzas de impuestos" para ello, declaró el ministro ante los micrófonos de la BBC.
El primer ministro, Tony Blair, "está totalmente de acuerdo con la posición del ministro", subrayó inmediatamente el portavoz de Downing Street, para evitar nuevos rumores de divergencias en el seno del gobierno.
Al presentar este martes su proyecto de presupuesto al parlamento, Brown dio a entender que sólo podía mejorar el servicio sanitario con grandes inversiones públicas a lo largo de varios años.
El gobierno laborista fue reelegido de forma masiva en junio pasado, pero fue criticado por la falta de resultados en materia de servicios públicos.
El borrador de presupuesto de Gordon Brown prevé un fuerte alza del gasto público, lo que provocará que el excedente presupuestario caiga hasta los 10,000 millones de libras (unos 14,400 millones de dólares) en el año fiscal que termina en marzo de 2002, y hasta 3.000 millones de libras el año siguiente.
Pero como la economía está aflojando su ritmo de crecimiento (el ministro de Finanzas revisó ligeramente a la baja sus previsiones de crecimiento, al 2.25% este año, y del 2% al 2.5% el año que viene), los ingresos del gobierno corren el riesgo de verse rebajados, y entonces el alza de los impuestos sería inevitable.