George W. Bush prefirió dar marcha atrás en el tema del acero para evitar una guerra comercial, pero asumiendo el riesgo de ser castigado electoralmente a menos de un año de la elección presidencial.
La amenaza de la Unión Europea de imponer sanciones comerciales por 2,200 millones de dólares si la sobretasa a las importaciones de acero no era levantada, finalmente hizo retroceder al presidente estadounidense.
"La eliminación de las sobretasas sobre el acero se le impuso claramente" debido a esta amenaza, subraya Stephen Hess, profesor de historia política de la Brookings Institution en Washington.
"Fue la primera decisión, la de aplicar aranceles, la que fue política", estimó al recordar que la medida fue aplicada en marzo de 2002 por iniciativa de Karl Rove, consejero político del presidente Bush.
En ese entonces el objetivo principal era conseguir los votos en los Estados cuya economía depende de la siderurgia, sobre todo Ohio y Pennsylvania.
Nueve meses antes de las elecciones de mitad de mandato, en noviembre de 2002, estas medidas proteccionistas fueron muy bien recibidas.
Ahora se trata de votos que podrían faltarle para las presidenciales de noviembre de 2004, pero según Stephen Hess, es necesario aún comprobar el peso que que tuvieron en el escrutinio de 2002.
Al anunciar el levantamiento ayer, el presidente Bush no mencionó ni una sola vez en su comunicado la decisión de la Organización Mundial del Comercio (OMC) de noviembre en la que el organismo condenó los aranceles y abrió con ello la puerta para la aplicación de medidas de retaliación por parte de los países afectados.
Bush no quiere aparecer como derrotado frente a la OMC y a sus socios comerciales por lo que prefirió destacar el hecho de que la industria siderúrgica estadounidense sacó ventaja de las sobretasas para afrontar su reestructuración y sanear sus cuentas.
La baja del dólar, que perdió 27% de su valor frente al euro desde marzo de 2002, ayudará a los productores de acero estadounidenses al encarecer las importaciones y hacer más competitivos sus propios productos en el exterior.
Algunos afirman también que los aranceles provocaron más daño en los sectores que utilizan el acero que la ayuda que le dieron a la industria siderúrgica.
Esta última tuvo "un efecto favorable al aumentar los precios del acero, los beneficios de los grupos siderúrgicos y los precios de sus acciones, pero provocaron serios daños al crear escasez para las industrias consumidoras de acero", subraya David Littman, economista de la banca estadounidense Comerica.
"El presidente se arriesga a sufrir un revés en la elección presidencial de 2004 en los Estados industriales", afirmó ayer el New York Times.
Pero los obreros estadounidenses votan generalmente por los demócratas. El principal sindicato siderúrgico, USMA, anunció en agosto su apoyo al candidato demócrata Richard Gephardt, que defiende un programa proteccionista.
Los aranceles representaron además una piedra en el zapato para George W. Bush, que se presenta como un defensor del libre cambio, y suscitaron críticas tanto a nivel internacional como en el seno de su propio partido.