El presidente de Estados Unidos, George W.Bush, ha puesto en marcha su prometida campaña para ampliar el comercio de EEUU a nivel mundial, uno de los pilares de su política exterior.
Esa campaña adquirió dos frentes esta semana cuando Bush pidió al Congreso la renovación de vínculos preferenciales de intercambio con China y el representante de Comercio Exterior se disponía a entrevistarse con 20 ministros de Comercio del Foro de Cooperación Asia Pacífico (APEC).
Poco después de asumir la Presidencia el pasado 20 de enero, Bush afirmó que el aumento del comercio significará prosperidad para Estados Unidos y ayudará a promover la libertad y la democracia en todo el mundo.
Bush repitió ese planteamiento ayer, cuando pidió la renovación de los acuerdos de comercio con China, pese a las tensiones diplomáticas que les han afectado en los últimos meses.
"El comercio justo no es sólo esencial para mejorar el nivel de vida de los estadounidenses sino también para una relación dinámica y productiva con China", expresó.
Bush agregó que "los últimos acontecimientos han demostrado que no sólo necesitamos hablar franca y directamente sobre nuestras divergencias, sino también necesitamos mantener el diálogo y cooperar en las áreas en que tenemos intereses mutuos".
La última de esas divergencias ocurrió el pasado mes de abril cuando un avión espía estadounidense chocó con un caza chino, resultando muerto el piloto, y el piloto norteamericano se vio obligado a descender en la isla china de Hainán.
Los 24 tripulantes del aparato sólo pudieron regresar a Estados Unidos 11 días después de que el Gobierno de Bush manifestara que lamentaba el incidente y la pérdida del piloto chino y su avión.
El avión espía continúa aún en la isla y sólo esta semana el Gobierno chino accedió a su repatriación.
El Congreso aprobó el año pasado el otorgamiento a China del estatus de "relaciones comerciales normales y permanentes" (PNTR), que significarían el mismo tratamiento que Estados Unidos otorga al intercambio de productos de otros países aliados.
Sin embargo, su aplicación se vio aplazada debido a que estaba condicionada a la entrada de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC).
El estancamiento de las negociaciones para ese ingreso ha obligado ahora al presidente Bush a pedir al Congreso que renueve por un año más el trato preferencial a China.
Y mientras el Congreso inicia el estudio de la solicitud del gobierno la próxima semana, el representante de Comercio Exterior de EEUU, Robert Zoellick, comenzará una nueva ronda de conversaciones para ampliar el intercambio con los miembros de APEC, reunidos en Shanghai, e impulsar la nueva ronda de negociaciones de la OMC previstas para este año en Doha (Qatar).
En sus entrevistas, Zoellick "hará hincapié en la oportunidad y la necesidad de que los miembros de APEC ayuden a poner en marcha la nueva ronda de negociaciones de la OMC", manifestó un comunicado de la oficina del representante de Comercio Exterior.
El gobierno del presidente Bush también se ha embarcado en la creación de la llamada Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Ese proyecto, que debería entrar en vigor a fines del 2005, incluiría a todos los países del continente (excepto Cuba), desde Alaska hasta la Patagonia (Argentina) con un mercado de unos 800 millones de consumidores.
Hasta ahora, el gobierno de Bush no ha encontrado oposición en su afán de aumentar las relaciones comerciales con todos los países del mundo.
Sin embargo, tanto en el caso de China como en el de la creación del ALCA, podría enfrentar la oposición en ambas cámaras del Congreso.
Por una parte, muchos legisladores se muestran renuentes a aprobar un estatus comercial preferente para China si ese país no mejora sus antecedentes en relación con los derechos humanos.
Sin embargo, por otra parte, senadores y representantes, en su mayoría demócratas, exigen que cualquier acuerdo comercial con los países de América Latina debe contener disposiciones especiales sobre protección laboral y del medioambiente.