Bajo la presidencia de George W. Bush, Estados Unidos se ha despertado con hambre de energía y Canadá está dispuesta a vender lo que haga falta, ya sea petróleo, gas o electricidad, para saciar a los estadounidenses.
Estados Unidos necesita comprar y Canadá quiere vender, es el "mantra" que políticos y empresarios del sector energético canadiense repiten desde la llegada del tejano George W. Bush a Washington.
En los últimos meses, el trajín de políticos de uno y otro lado lanzándose guiños energéticos ha hecho que las relaciones bilaterales de los dos países estén dominadas por esta cuestión más que por ningún otro asunto político o económico.
A finales de la pasada semana, el primer ministro de Alberta, Ralph Klein, se entrevistó con el vicepresidente estadounidense, Richard Cheney, para asegurarle el compromiso de esa provincia para ayudar a EU a superar su crisis energética.
El mismo mensaje que el primer ministro canadiense, Jean Chrétien, llevó a Washington cuando el pasado mes de febrero se entrevistó con el entonces recién nombrado presidente estadounidense. "En energía -explicó Chrétien- ellos tienen un problema y saben que Canadá es un buen proveedor".
Al fin y al cabo, la energía es la principal exportación canadiense a Estados Unidos.
En el 2000, sin contar la electricidad, Canadá exportó petróleo y gas a Estados Unidos por más de 25,000 millones de dólares. Canadá proporciona a los estadounidenses el 15% de las necesidades de gas y el 9% de petróleo. En cuanto a la electricidad, las exportaciones, principalmente procedentes de Québec y Columbia Británica, se sitúan en torno a los 2,700 millones de dólares.