Las capturas de la flota pesquera rusa descendieron el año pasado hasta las 3.25 millones de toneladas de pescado, un 10.2 % menos que la extracción de 2001, informó ayer el Comité Estatal de la Pesca.
Durante una reunión de las autoridades pesqueras con patrones y pescadores, se reveló que las empresas de la industria pesquera produjeron 2.8 millones de toneladas de conservas de pescado, es decir, un 1.8 % menos que en 2001.
Los participantes en la reunión coincidieron en que la industria pesquera rusa afronta una fuerte crisis, agravada con la reducción de las cuotas de extracción de algunas especies, como el esturión, la merluza, el abadejo, el cangrejo y los erizos de mar.
Entre otros factores negativos, empresarios y representantes sindicales de los pescadores resaltaron la fuerte carga fiscal, que el año pasado supuso el desembolso de 120 millones de dólares, un 21.7 % más que en 2001.
Para elevar la efectividad de la faena pesquera, en la cita se acordó que en el plazo de dos o tres años gran parte de la flota rusa se desplazará a las zonas económicas de algunos países latinoamericanos, como Nicaragua.
La semana pasada en Managua representantes del Comité Estatal de la Pesca ruso y el ministerio de Pesca de ese país centroamericano celebraron otra ronda de negociaciones para restablecer los acuerdos de cooperación bilateral relacionados con la industria pesquera.
Según los expertos, la crisis en la industria pesquera rusa se ha visto agudizada por las trabas burocráticas y la presión de las mafias, fenómenos que favorecen el contrabando y la pesca furtiva.
Un informe de la comisión parlamentaria para el sector señala que "la pesca legal en Rusia y particularmente en la región de Extremo Oriente apenas alcanza el 9 %. El 91 % restante es ilegal".
El estudio precisa que la mayor parte de la pesca ilegal en esta zona se vende en Japón y que por este concepto el año pasado Rusia tuvo pérdidas valoradas en 1,600 millones de dólares.
Además, al estar fuera de control de las organizaciones para la conservación de los recursos ictiológicos, las capturas ilegales ponen en peligro los bancos de muchas especies de peces.
Según el Servicio Federal de Guarda fronteras de Rusia (SFGR), en Extremo Oriente las mafias controlan una parte considerable de la industria pesquera, desde los astilleros y flotillas de buques pesqueros, hasta las compañías exportadoras y las fabricas conserveras.
Grupos criminales con documentación falsa venden cada año a terceros países centenares de miles de toneladas de pescado de diferentes variedades, desde el salmón a la merluza, sin pagar un dólar de impuestos por la exportación de estos productos.
Además, funcionarios corruptos venden licencias de exportación y los mafiosos, que controlan muchas flotillas de pesca en las aguas rusas, llevan el pescado directamente al extranjero.