La coalición partidista que conquistó los comicios del 3 de mayo tendrá que emprender, casi de inmediato, una acción tendiente a sofocar los malestares económicos que afiebran a la población.
La nación está sujeta a las esperanzas que ofrecerá el próximo gobernante, que de no cumplir, tendrá que tragarse el amargo reproche de un pueblo que de crítico se tornará agresivo y las consecuencias pueden ser lamentables.
Un país donde hay regiones incomunicadas por vía terrestre, es como un cuerpo sin venas, sin sangre, sin corazón, o sea una piltrafa sin sentidos.
Las carreteras son arterias de progreso que benefician porque facilitan el desplazamiento de un lugar a otro, siempre y cuando no se topen con los "tranques" que son parte de la actividad folclórica que decoran a esta nación que se resiste a abandonar la pereza mental.
Advierto que no quiero convertirme en uno de esos sabios de leontinas y corbatas que balbucean una que otras sandeces, pero considero que una vez el presidente electo reciba el bastón de mando, no debe descuidar la construcción de vías porque cada kilómetro entrelaza los pueblos, y la gente satisfecha, empieza a desplazarse de un sitio a otro en actividad mercantil, turística o por la necesidad de cumplir con obligaciones laborales.
Ya retumba en el ámbito la idea de construir una vía en el sector atlántico que una a las provincias de Colón y Bocas del Toro con ramales en Coclé y Veraguas, idea millonaria que enciende un candil de esperanzas para el sector.
El Gobierno, cuya administración nació en el 2004 y fenece dentro de poco, desarrolló un plan vial, pero en la canasta de objetivos quedaron obras por terminar.
En el inventario de realizaciones en cuanto a la construcción de vías se refiere, se destacan obras tales como la segunda fase del Corredor Norte, donde se invirtió 122 millones de balboas.
Ampliación y reordenamiento vial de la ciudad de Panamá, plan al que se destinó 235.9 millones de dólares; rehabilitación de la carretera Madden (corregimiento de Chilibre) 3.7 millones de dólares; la Cinta Costera costó 189 millones de dólares; en la rehabilitación de la carretera Transístmica - desde la urbanización Villa Zaíta (distrito de San Miguelito ) hasta los Cuatro Altos de la provincia de Colón- se destinaron $81.6 millones de dólares; en la autopista Panamá - Colón se invirtieron 302.9 millones de dólares; en el mejoramiento de la vía desde el Río Bayano en Chepo (provincia de Panamá) hasta Yaviza, Darién se usaron 55.4 millones de dólares; la ampliación de la carretera Arraiján- La Chorrera costó 70.5 millones de dólares; la construcción del Puente sobre el río Changuinola, en la provincia de Bocas del Toro, costó 8.2 millones de dólares; la construcción de la carretera El Llano (distrito de Chepo) a Cartí (comarca Kuna Yala) tiene un precio de 13.7 millones de dólares; en la rehabilitación de las vías en las costas de arriba y de abajo de Colón se destinaron 35.6 millones de dólares y en el ensanche de la vía en la urbanización 24 de Diciembre, la inversión fue de 30.8 millones de dólares.
Cuando el pueblo ve obras de esta naturaleza sonríe de alegría y el ejecutante lleva en su espíritu el gozo de la misión cumplida. Pero, parafraseando a los movimientos estudiantiles y obreros, "un pueblo unido, jamás será vencido" y "la lucha continúa".
El agresivo plan que se vislumbra del nuevo gobernante parece tendiente a superar en realizaciones, más de los mil millones de balboas invertidos por los que abandonan la trinchera estatal, y el juramento es conquistar, a sangre y fuego, las regiones apartadas a través de obras, que como las viales, son evidentes y beneficiosas. La historia se encargará de dar su veredicto. Perforando las montañas con la construcción de carreteras, vías que son grifos de progreso, empieza la ebullición económica. Más personas se inclinarán por adquirir un vehículo, y por ende, mejorarán su calidad de vida que en algunos se ha deteriorado; comprarán combustible para movilizarse. Los camiones de reparto se deslizarán sobre el pavimento para llevar mercancías a las tiendas del lugar, donde actualmente las viandas llegaban a lomo de un caballo. Las tierras ociosas se convertirán en fincas que serán un vergel, donde sus frutos tendrán accesibilidad a los mercados donde se toparán con consumidores ávidos de una mejor alimentación.
Con una vía en mejores condiciones, aquellos que están en posiciones económicas favorables, adquirirán y transportarán hacia su destino los materiales necesarios para mejorar las viviendas y en sitios actualmente incomunicados, los camiones cargarán materiales que serán la base fundamental del progreso, y por la acción de gente laboriosa, llegará la luz, el agua, la comida y hasta se construirán las pilastras para el centro de diversión donde una población, feliz de las realizaciones, celebrará el triunfo del hombre sobre la naturaleza.
Es satisfactoria, alentadora y buena la idea de construir carreteras, siempre y cuando no se desatiendan otros aspectos importantes de la vida. Las obras viales revivirán las esperanzas de las personas radicadas en pueblos dormidos por falta de oportunidades. Ahora le corresponde al nuevo gobernante -- que no tiene nada de loco como dicen sus detractores -- abrir las rejillas para que el progreso llegue rápidamente a los panameños que claman por "un Panamá mejor".