El reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe –CEPAL- titulado “Panorama Social de América Latina 2008” revela que en Centroamérica aproximadamente el 46.8% (18.5 millones de personas) de sus ciudadanos viven en condiciones de pobreza, y un 23.8% (9.4 millones de personas) no cuenta ni siquiera con recursos suficientes para alimentarse. En este sentido, son Guatemala, Honduras y Nicaragua los países que concentran a la mayoría de los pobres de la región, quienes tienen en común, principalmente, que residen en áreas rurales, son indígenas o pertenecen a poblaciones afrodescendientes. En contraste, El Salvador, Costa Rica y Panamá son los países de la región con menores niveles de pobreza, aunque, las características de los grupos marginados y en pobreza son las mismas.
Entre 2003 y 2007 el crecimiento económico de la región se produjo en un contexto externo muy favorable. Las estadísticas reflejan incrementos en los ingresos familiares, con variaciones entre países; reducciones de las tasa de desempleo regional, que en promedio se situó en 5.9% en 2007. Asimismo, hubo una reducción de los niveles de indigencia en Guatemala (5.4%), Honduras (2.6%) y Nicaragua (7.4%). Sin embargo, en estos países aún queda un importante grupo de la población viviendo en condiciones de subsistencia. Además del crecimiento económico, los gobiernos aumentaron los recursos destinados a la política social, lo que mejoró el acceso de la población centroamericana a la educación y la salud, principalmente.
La crisis económica actual tendrá efectos sensibles en la lucha contra la erradicación de la pobreza, pues se estima que habrá un mayor desempleo, acompañado de una disminución de los salarios, así como una caída en los ingresos que reciben las familias por concepto de remesas familiares. Ante este panorama, los gobiernos deben actuar proponiendo políticas económicas coherentes con las necesidades actuales, que permitan por un lado, mejorar las condiciones para la inversión pública y privada y, por otro, continuar avanzando en la erradicación de la pobreza. En este último punto, jugará un papel preeminente la protección social. Asegurar que los niños y niñas centroamericanos no dejen la escuela, que los ancianos no terminen en la indigencia, y que la población trabajadora conserve sus empleos, son las tareas más urgentes. La sociedad centroamericana debe discutir en 2009, no sólo el rumbo de la política fiscal en estos tiempos de crisis, sino también el modelo de nación a la que aspira. Solo un pacto fiscal podrá en el corto, mediano y largo plazo crear las condiciones adecuadas para que todos y cada uno de los centroamericanos concreten su proyecto de vida en condiciones de igualdad y dignidad.