El embalse de la represa Laja al sur de Santiago da la medida de las dificultades por las que atraviesa Chile: desde agosto, su nivel es de menos de la mitad del habitual.
El país padece la sequía más perjudicial en un siglo: la escasez de agua ha reducido la producción en las represas hidroeléctricas, elevando los precios de la energía y obligando al Gobierno a considerar una reducción del suministro eléctrico a minas y fábricas. Los cultivos y ganado que proporcionan la subsistencia a los agricultores están muriendo.
"Este año hemos tenido muy poca lluvia", dice Julia Toro, de 71 años, que cría cabras, caballos y ovejas en su granja al pie de la cordillera en el centro de Chile.
Más de 50 de sus animales murieron en los pasados seis meses. El fenómeno meteorológico conocido como La Niña exacerbó las condiciones de aridez, desencadenando la sequía.
El año pasado, las precipitaciones ya estuvieron por debajo de los niveles normales cuando La Niña, una caída en las temperaturas del agua en el Océano Pacífico que reduce las lluvias, fue detectada en septiembre, según el Servicio Meteorológico de Chile.
"Es como un terremoto disfrazado", les dijo Alfredo Ovalle, que encabeza la Cámara de Producción y Comercio de Chile, a los periodistas después de reunirse con la ministra de Agricultura, Marigen Horkohl, en febrero. "Afecta a toda la economía".
Esta temporada de La Niña es la más intensa en más de medio siglo, según meteorólogos de la Universidad de Chile en Santiago.
Desde agosto, el norte chileno no recibe lluvias mensurables. Solo cayeron 14 milímetros en Santiago, mucho menos que el promedio de 53 milímetros, según el servicio meteorológico. "Hay más actividad industrial, hay más agricultura, la población ha crecido y las temperaturas son muy altas".
Bloomberg