Cuando Xu Jianguo, embajador de China ante Nigeria, visitó la Universidad Nnamdi Azikiwe en Akwa en febrero, no fue con las manos vacías.
Xu llevó una contribución de $10.000, que fue utilizada para comprar equipo, desde videocámaras hasta proyectores, a fin de facilitar la enseñanza de chino en el flamante Confucius Institute de la universidad, según el vicerrector Sam Omenyi.
La fuente fue la Oficina del Consejo Internacional de Lengua China, que ha abierto 135 institutos Confucio en todo el mundo.
La oficina forma parte de una campaña más amplia que incluye inversión, diplomacia y promoción cultural, todo destinado a acelerar el progreso de China hacia el estatus de superpotencia.
La campaña, combinada con el crecimiento económico y modernización militar de China, constituye un reto que los políticos estadounidenses están empezando a percibir y que los estrategas probablemente estarán repeliendo por años. Es un ejemplo clásico de lo que Joseph Nye, profesor de la Universidad de Harvard, ha llamado ``soft power'' (poder blando): ganar autoridad por la persuasión en lugar de la coerción.
Si se es una potencia emergente, como lo es China, y el poder militar propio va en aumento, una de las principales inquietudes es que otros países no formen coaliciones a modo de contrapeso'' dijo Nye en una entrevista. ``El poder blando es una forma de evitar eso''.
Guan Anping, abogado de Pekín y ex ayudante del viceprimer ministro Wu Yi, lo llama el ``enfoque tai chi'' de China con respecto a la diplomacia. ``Cuando uno practica el tai chi, utiliza la energía de su oponente en contra de este'', dijo Guan.