Hong Kong vive desde hace unas semanas una serie de protestas contra el llamado “comercio paralelo”, en el que cientos de personas, atraídas por los bajos impuestos, entran en la isla desde China para comprar artículos y revenderlos.
Las estanterías vacías y los precios disparados son los resultados de esta práctica, contra la que los hongkoneses ya han organizado tres protestas.
El pasado 15 de febrero, cerca de 200 manifestantes lograron que numerosas tiendas de un centro comercial de la zona suburbana de la ciudad echaran el cierre mientras pedían a los consumidores chinos que volvieran a la parte continental.
Era la tercera protesta de esta iniciativa que arrancó en 2015 y que en menos de dos meses ya ha provocado enfrentamientos con la policía, comerciantes y ciudadanos chinos en varios puntos de la ciudad.
Quienes se quejan dicen estar hartos de que cientos de personas, en su mayoría chinos, inunden a diario centros comerciales y el transporte público de Hong Kong para hacerse con productos que luego veden en el gigante asiático.