Hoy la agricultura mundial se debate entre sembrar plantas orgánicas o modificadas genéticamente. ¿Eliminar los agroquímicos de los cultivos o manipularlos genéticamente? Estas alternativas opuestas están detrás de los cultivos orgánicos y de los transgénicos. Muchos países deben decidir si le dan vía libre a la segunda opción, mientras los cultivos orgánicos esperan la bendición de los consumidores.
A pesar de responder a dos maneras opuestas de producir, ambas buscan mejorar la calidad de los alimentos y reducir las aplicaciones de agroquímicos. Los transgénicos introducen un gen ajeno a un vegetal, que funciona como una especie de vacuna y lo vuelve inmune a una plaga o a un insecto en particular. Los orgánicos se inclinan por los abonos y "plaguicidas" naturales.
En Colombia se ha avanzado bastante en el tema orgánico -en cinco años se sembraron 30,000 hectáreas- y en transgénicos ya se definió una política en el Ministerio de Agricultura para promocionar su cultivo, con el objetivo de reducir los costos de producción a los campesinos.
En este momento, únicamente están autorizados dos cultivos transgénicos: el clavel azul (que tiene un gen del maíz morado) y el algodón BT (porque es resistente a la bacteria bacillus thuringiensis). Sin embargo, el algodón solo está aprobado para la zona del Caribe Húmedo (Córdoba y sur del Cesar).
Aunque el Ministerio de Agricultura sostiene que dentro de su política de agricultura sostenible los transgénicos y los orgánicos no chocan, sino que se complementan, en el mundo entero estos los defensores de los dos tipos de cultivos se atacan mutuamente.