regulaciones
- El negocio del coche compartido aún no tiene garantizada su expansión en todo EE.UU. dada la falta de regulación.
- California, Oregón y Washington han legislado ya para autorizar su funcionamiento siempre que los ingresos obtenidos por el dueño del vehículo sean limitados, pero el agravio para el sector del taxi y las compañías tradicionales de alquiler, que tienen que cumplir con inspecciones y obtener licencias específicas, es evidente.
- La gente que deja su auto para alquilar son profesionales de entre 20 y 30 años. Y son las personas de unos 50 años quienes más interés han mostrado en usar su flota de vehículos prestados.
garantías
- Las empresas de automóviles compartidos cubren los daños que pueda ocasionar el usuario al vehículo, pero no se hacen responsables de las condiciones mecánicas del mismo cuando es entregado para alquilar, ya que en la mayoría de los casos ni siquiera pasa por sus manos.
- Un Audi A4 para circular por San Francisco, por ejemplo, se renta por $9 dólares, gasolina aparte; incluye un seguro de 1 millón de dólares. La empresa se queda con el 40 por ciento.
L a imagen del autoestopista en una cuneta tratando de llamar la atención de algún conductor caritativo parece condenada a desaparecer a medida que la idea de compartir coche florece como un negocio de coste mínimo y al amparo de las redes sociales, aunque no sin riesgos.
Fruto de la reciente crisis económica han proliferado en EE.UU. empresas dispuestas a convertir cada automóvil en un vehículo de alquiler y proporcionar a su propietario un ingreso extra, al tiempo que se ofrece a los clientes precios muy por debajo de las tarifas de taxi, Avis o Hertz.
Compañías como Sidecar y Lyft circulan ya por ciudades como San Francisco, Los Ángeles, Seattle, Chicago, Boston o Washington D.C., donde ponen en contacto a conductores particulares y potenciales pasajeros que solo tienen que pagar un donativo para realizar trayectos urbanos.
Zimride es la alternativa para distancias más largas. Ahí los usuarios publican los destinos a los que vayan a ir próximamente con su automóvil y buscan compañeros de viaje con los que compartir conversación y gastos. Un precio por asiento para un recorrido de 350 kilómetros ronda los $20.
Pero si solo se busca hacer negocio y no conocer gente, compañías como RelayRides, Just Share It, Getaround o FlightCar se encargan de sacar partido a los coches cuando sus dueños no los usan, aunque solo sea por una hora.
Una aplicación de móvil basta para indicar dónde está el auto más cercano disponible, el costo. Los vehículos con sensores que proveen algunas empresas incluso sirven para acceder al interior, coger la llave y emprender la marcha.