Economista del Centro Nacional de Competitividad (CNC)
El mundo ha presenciando un formidable deterioro de su hábitat y sus reservas naturales. El sostenido crecimiento de la población y de la actividad económica explica este fenómeno.
El daño se denota en el agresivo avance del calentamiento global, la contaminación del aire y las aguas, el incremento en los desechos residuales y la devastación de recursos boscosos.
Este crecimiento económico ha sido particularmente vertiginoso en naciones cómo China e India, y en alguna medida Brasil, países estos que se han integrado activamente a la globalización aumentando su producción y su consumo per capita.
Estos hechos suponen serios desafíos para la sostenibilidad del planeta, y en particular para el desarrollo de las llamadas economías emergentes. Algunos expertos como Roberto Artavia, de INCAE por ejemplo, afirman que no existen suficientes recursos naturales para que estas naciones alcancen los niveles de prosperidad que hoy por hoy tienen los países ricos.
Algunas estimaciones sugieren que para el 2030 al ritmo actual de crecimiento, 40% de la producción económica y 80% de la población del mundo estará ubicada en áreas donde la demanda de agua claramente excederá la oferta.
De modo que el desarrollo ya no se limita a un problema de modelo o enfoque teórico, sino incluso pasa a ser un tema de viabilidad física. Por suerte hay visos de solución, cuando menos parcial, que requieren sin embargo acciones perentorias.
Parte del problema se puede abordar a través de la sensibilización de la sociedad civil, particularmente las empresas y los consumidores haciéndolas mas concientes, modificando sus patrones de producción o de compra de manera voluntaria.
En efecto, progresivamente ha venido emergiendo un mayor cuidado de amplios segmentos de la población particularmente en países desarrollados, cuyos consumidores están dispuesto a pagar más por bienes amigables al medio. Esta sensibilización del consumidor ha creado un incentivo para que las empresas adopten modos de producción ambientalmente más saludables.
De hecho la práctica se ha extendido no sólo al tema ambiental; sino que abarca aspectos sociales y laborales.
Hoy día existen múltiples tipos de certificación que garantizan que un bien ha sido producido libre de plaguicidas o de explotación infantil.
Las empresas, de paso, colaboran de manera activa para lograr estas certificaciones surgiendo así una simbiosis entre la denominada Responsabilidad Social y el Desarrollo Sostenible.
Lo segundo es la aplicación de tecnologías que sean más eco-eficientes. Tomemos como ejemplo la Producción más Limpia (PmL), práctica que promueve el uso de tecnologías que permiten el doble beneficio de una mayor eficiencia productiva (lo que per se constituye un incentivo comercial) y a la vez reduce el impacto del proceso de producción en el medio ambiente.
Es esto lo que hoy día un economista definiría como competitividad medio ambiental.
En resumidas cuentas, se trata de producir igual o más con menos recursos naturales.
Se requiere con urgencia políticas globales y nacionales que aseguren un dramático aumento en la productividad o rendimiento de los recursos naturales (el valor de la producción en términos de agua, crudo, energía, etc.…).
Los problemas del medio ambiente, que revisten vertiginosos impactos a nivel del planeta entero, trascienden las fronteras nacionales. Resulta claro que cualquier solución pasa por adoptar estrategias globales que involucren sobre todo a las naciones desarrolladas, que son de paso las principales depredadoras de recursos.
Entre tanto, los países menos avanzados como Panamá deben fomentar políticas de Responsabilidad Social en materia ambiental y promover la utilización de Producción más Limpia (PmL).
Adicionalmente, deben establecerse normas de protección ambiental que no limiten al Estado a un papel coercitivo sino que estimulen el uso de incentivos económicos para la conservación.
Es claro que se requiere un cambio de paradigma en materia ambiental, ya que las políticas del pasado no han logrado detener la devastación.