Pronto retornarán las lágrimas de las amas de casa. Acabó la escasez de cebolla que se presentó durante los últimos días, en los principales centros de consumo a nivel nacional. Se solucionará el problema , con la importación de 14 mil quintales del popular ingrediente provenientes de Holanda y Estados Unidos, según confirmó el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), con sonrisas antes que con lágrimas.
Pero éste es un aderezo, que parece alejarse de la política que ha practicado el MIDA, y no es caso fortuito.
Hace un par de meses, el MIDA, los productores de cebolla y la Asociación de Comerciantes de Víveres y Similares de Panamá (ACOVIPA), acordaron que el excedente de la producción sería comprado por los comerciantes, a fin de garantizar la presencia del rubro en el mercado.
Pero el pacto no se cumplió. Al parecer, los comerciantes no compraron la producción prometida , en respuesta de su descontento con el MIDA, por restringir la importación de cebolla y por ello se desabasteció el mercado.
De la cantidad de cebolla que se aprobó que se importara a Panamá, 5 mil quintales se encuentran en el mercado nacional y se espera que en las próximas semanas llegue el resto del embarque.
El director nacional de Agricultura del MIDA, Edwin Cuevas, indicó que para garantizar el abastecimiento del mercado hasta que finalice este año, se recomendó autorizar la importación de 120 mil quintales adicionales, que será dividido en dos contingentes de 60 mil, respectivamente.
Cuevas enfatizó que con esta medida se descarta la posibilidad que no exista oferta de este rubro, tomando en cuenta que el consumo nacional alcanza los 26 mil quintales mensuales.
La cebolla nacional es un producto consumido dentro de la dieta diaria de los panameños no para casi toda la culinaria criolla y la producción está ubicada principalmente en las provincias de Chiriquí y Coclé, y en menor escala en la península de Azuero.
Un informe de la Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor (CLICAC), reitera que efectivamente, en los últimos días, se ha dado una escasez del producto, así como un incremento de los precios al consumidor de B/0.85.
El comportamiento del mercado, en cuanto al alza en los precios, está basado en dos causas: la restricción de las licencias fitosanitarias de importación y el agotamiento de la existencia del producto nacional.
En el primero de los casos, detalla el informe, que a pesar de existir requisitos para el otorgamiento para las licencias de importación, no se otorgaban y el mercado local no es abastecido. Afortunadamente se abrieron ya los canales de la importación.
Una vez cumplidos los requisitos para la importación, el importador debe pagar un impuesto, que en el caso de la cebolla es de 17%, conforme al Decreto de Gabinete No25 de 13 de octubre de 1999.
En cuanto al agotamiento del producto nacional, la CLICAC señala que 26 mil quintales no suplen la demanda en el país. En el mes de mayo, donde entra la producción nacional, existían 35,000 quintales en Coclé y 40,000 quintales en Chiriquí, con lo que se comprueban deficiencias.
Los precios mayoristas de la cebolla presentaron un comportamiento estacional. En los meses comprendidos de enero a abril, los precios al por mayor mostraron un descenso y de abril a mayo se presentó abundancia en el mercado, por ser los meses en que la mercancía se encuentra disponible para ser vendida.
Pero a partir de junio se produce un aumento al por mayor debido a la escasez que se empieza a sentir, que para evitarla debe ser suplida por la importación.
Para agosto existe un descenso en el comportamiento de los índices de los precios mayoristas, pero a diferencia de la situación anterior, esta baja no llega a la caída de los precios durante los meses anteriores.
En 1999 los precios al consumidor permanecieron casi constantes, lo que indica una estabilidad para el bolsillo de los consumidores; en cambio, el precio de la libra de la cebolla, a septiembre de este año, será de B/0.85, con un incremento de 157.6%.
A pesar de todo, las lágrimas de las amas de casa no expresarán pena sino alegría por el pronto retorno del popular ingrediente.