NI YO ni nadie puede garantizarle que alguno de los remedios "alternos" existentes (que incluyen dietas, aceites, hierbas, dosis masivas de Vitamina C, o algunas sustancias como el calostro, el laetril, el ozono o el cloruro de cesio) le curará de cáncer.
Pero tampoco puede garantizarlo la medicina "convencional", cuyos muy onerosos remedios se limitan a la cirugía, la quimioterapia y la radioterapia, tratamientos que ostentan tasas de curaciones bajísimas y que en muchos casos agravan la condición de los pacientes, para no decir nada de su frecuentemente devastador impacto financiero.
De hecho, esta virtual impotencia de la medicina convencional frente al cáncer y otras enfermedades degenerativas (como son la diabetes, la osteoporosis, problemas cardíacos, el Alzheimer y otras) es la que por varios años ha impulsado el crecimiento de la industria de los suplementos nutricionales, la agricultura orgánica, y otros componentes de la medicina "alternativa". Como destacan el Instituto Nacional de Cáncer de los Estados Unidos y otras entidades oficiales y semi-oficiales, existen pocos estudios "clínicos" formales al respecto de estas curas alternativas y los que existen no se consideran "concluyentes".
Pero, paralelamente existe un creciente número de testimonios que avalan la efectividad de algunas de estas curas. Ello fue suficiente como para que el gobierno norteamericano creáse en 1991 el Centro Nacional de Medicina Alternativa y Complementaria (NCCAM, por sus siglas en inglés), una dependencia del Instituto Nacional de Salud dedicada a estudiar estas curas alternas y cuya dirección es http://nccam.nih.gov.
No tengo espacio en esta columna para evaluar las principales curas alternas al cáncer, por lo que me limitaré a reseñar una de las más notorias, la "dieta Budwig", al respecto de la cual hay bastante material en la Internet.
Promovida por la eminente doctora alemana Johana Budwig a principios de los años 50, la cura se basa en una observación clave: los pacientes aquejados por brotes cancerosos evidencian una aguda escasez de fosfátidos y lipoproteínas, producto a su vez de la falta de ciertos ácidos grasos básicos para la vida humana.
Pero estos ácidos grasos solamente se obtienen si se ingieren de fuentes no procesadas, pues el calor y el procesamiento industrial de las grasas, especialmente el conocido como "hidrogenación", destruye su potencial nutritivo.
Para contrarrestar el problema y hacer retroceder el cáncer, la dra. Budwig propuso una estricta dieta mayormente compuesta por vegetales crudos complementada con el consumo de ciertos aceites, obtenidos vía la compactación en frío. Para lograr la combinación óptima de lípidos, la dra. Budwig recomendó específicamente el aceite de semilla de linaza (en inglés, "flaxseed oil") mezclado con queso requesón bajo en grasa (en inglés, "low fat cottage cheese").
Cientos de pacientes, cuyos testimonios abundan en la Internet, aseveran haberse recuperado utilizando la famosa "dieta Budwig", cuyo costo financiero, deducirá el lector, es bastante reducido.
El costo de la dieta Budwig es bastante reducido según cientos de testimonios en los Estado Unidos presentados en Internet.
La medicina convencional puede llegar ostentar tasas de curaciones bajísimas, y es muy costosa.
La dieta Budwig, compuesta por el aceite de semilla de linaza y complementada con el queso requezón bajo en grasa, ayuda a contrarrestar el problema del cáncer, según especialistas.
Son muchos los que apuestan por los métodos medicinales alternativos.
(*) El autor es profesor de la Universidad de Panamá y socio de "Consultores del Istmo" consultoresdelistmo@lycos.com).