La crisis financiera en Argentina, la incertidumbre ante el probable triunfo de la izquierda en las elecciones de Brasil, y los vaivenes políticos y sociales en varios países, están pasando factura al crecimiento económico de la región.
Las proyecciones de los organismos multilaterales -FMI, BM, CEPAL, OCDE o CAF- a comienzos del año ya adelantaban una situación poco halagüeña para Venezuela (-0,8%) y Uruguay (-1,7%), y para Argentina (entre -10 y -15%).
Argentina, el país que trae de cabeza a los mercados financieros, mantiene un tira y afloja con el FMI, que se resiste a soltar una ayuda de incierto futuro.
El desplome del 16.3% de la actividad económica en el primer trimestre sólo confirma los peores pronósticos, que no se daban desde igual periodo de 1990, a lo que se une un aumento de la pobreza del 40% y un índice de desempleo superior al 18%.
Analistas como Jimena Calvo, de la Fundación Capital, consideran que “un acuerdo con el FMI crearía expectativas, pero para que la economía argentina se recupere hace falta mucho más que eso”.
En su opinión, la meta del Gobierno de una caída del 4.9% del PIB para final de año ya es “irreal”, cuando se calcula que pueda llegar hasta el -12%.
El “efecto tango” llegó también a Uruguay, cuyo PIB se contrajo el 10.1% en el primer trimestre de este año frente a igual periodo del año pasado, según el Banco Central.
En un intento de blindarse ante la crisis de su principal socio, Uruguay acaba de decidir la libre flotación del peso frente a las divisas extranjeras, en consonancia con las recomendaciones del FMI.
Antes de esta última medida, el Gobierno preveía una caída del PIB para finales de año del 2%, que los expertos situaban en -4%.
En Venezuela, a pesar de la recuperación de los precios del petróleo, la retracción económica en el primer trimestre fue del 4.2% y se mantiene incertidumbre por la inestabilidad política,que ha generado la desconfianza entre los inversores.
La inflación del 10.5% hasta mayo y una moneda que ha llegado a perder hasta el 9% en los últimos días frente al dólar, empeoran las perspectivas macroeconómicas.